Después de 22 años de director, Javier García Vigil fue cesado de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca (OSO).
Era señalado por sus músicos de permitir el uso proselitista del ensamble al ser utilizado para amenizar eventos de partidos políticos.
Francisco Martínez Neri, titular de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (Seculta) fue quien confirmó a REFORMA el cese.
Pero el funcionario rechazó que la salida de García Vigil obedeciera al uso político que le dio a la orquesta al tocar durante una cena de aniversario del PAN, en el informe del diputado priista Martín Vásquez Villanueva y acompañar al perredista Anselmo Ortiz hasta Tlaxiaco, entre otros actos que denunciaron atrilistas a este diario (REFORMA, 22/01/15).
Martínez Neri se negó a hablar de una renuncia o destitución del director de orquesta. Se trata, insistió el funcionario, de una «reubicación».
«El maestro (García Vigil) está en la idea de seguir apoyando al Gobierno del Estado en algunas otras acciones, distintas de la Orquesta Sinfónica, y eso es lo que está viendo él ahora», aseguró el funcionario.
La resolución, dijo, será efectiva a partir del domingo 1 de febrero.
Aún falta por revisar las cuentas de su gestión. Los músicos denunciaron cobros al margen de la Seculta negociados por el director de orquesta.
«Eso será parte de la entrega-recepción», argumentó el funcionario.
Desde diciembre de 2014, los músicos desconocían la autoridad de García Vigil.
La Seculta intentó acercar a las partes en conflicto. Hace una semana, Martínez Neri se reunió por separado con 28 músicos y el director, pero la orquesta no cedió en su exigencia de destituirlo del puesto, mientras que García Vigil se aferraba al cargo.
La Sinfónica de Oaxaca planea reanudar sus ensayos de inmediato con un director interino en espera de la contratación del nuevo titular.
«Estamos analizando si (la contratación) es por invitación directa o a través de concurso», dijo Martínez Neri.
Sobre la mesa sigue otra denuncia hecha por los músicos: las precarias condiciones de la orquesta, conformada por apenas 29 atrilistas, un tamaño que corresponde más bien a un ensamble de cámara, sin una sede propia ni temporada formal de conciertos, bajos sueldos entre sus integrantes y escaso presupuesto.
«Desde luego, voy a plantear al Gobernador la necesidad que hay de contratar a más músicos, de hacer una verdadera orquesta sinfónica», anticipó el Secretario.
Ahora toca ponerse las pilas para sacar adelante a la agrupación, dijo el violinista Javier Hernández. «Tenemos muchas ganas de levantar esto. Lo único que pedíamos era justicia».
