Ahora, mientras la Historia corre y comienza a acumular argumentos para realizar sus juicios definitivos, Brasil y su democracia viven horas oscuras.
Pero la realidad, ya lo sabemos, suele moverse con otros mecanismos, incluso si esa realidad es la brasileña.
Pero no deja de ser cierto, también, que sistema y Constitución han sido burdamente manipulados para concretar una venganza.
Y es que, quizás por deformación profesional, confundía la realidad con el código de las telenovelas.
Y el hecho de juzgar a un presidente por haber participado en actos de este género me parece una decisión ejemplar.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/09/05/opinion/1473093820_704051.html
