El EZLN lleva veintidós años reinventando la vida diaria; no trafica con armas, drogas ni secuestros, sino con café, textiles e ideas.
Conocí a la poeta María Mercedes Carranza en 2003 ante una olla de ajiaco.
A su lado, un poema de su padre decía: “Todo cae, se esfuma, se despide, y yo mismo me estoy diciendo adiós”.
María Mercedes hablaba de esto con cansada serenidad.
Hija de Eduardo Carranza y directora de la Casa José Asunción Silva, María Mercedes aprovechó las diversas fases del guiso para hablar de quienes se roban el fuego con sus versos.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/10/actualidad/1473461693_180906.html
