Del pacto de todos admirado a la pluralidad que se desgaja y, en lugar de concertación, el desconcierto.
Y Alemania, el modelo ejemplar de austeridad como remedio para todos los males, abre sus puertas a los que buscan refugio.
Todos conformes con atender las observaciones de los expertos de la OEA; todos dispuestos a gritar las sinrazones de sus desacuerdos simulados.
Hasta que se repitió en el mundo de la globalidad la insidiosa frase de campaña de Bill Clinton: ¡Es la economía, estúpido!
Un parlamento en el que la palabra cede a los símbolos y gestos de las manifestaciones callejeras.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/13/opinion/012o1pol
