Gracias a Claudio Pérez Miguez y Raúl Manrique Girón, la Casa de América de Madrid exhibe por estos días una colección atinadamente llamada “El infinito Borges” que reúne fotografías, libros, dedicatorias, cartas, periódicos, vasos, bolígrafos, estilográfica, video y grabaciones de un Borges efectivamente infinito, inabarcable.
Borges al lado de María, una leve sonrisa canosa, bajo el espumoso encaje finísimo de una blusa que merecería narrarse.
Abajo, de lado y en un tipo de letra más pequeño, se leía que Borges había muerto en Ginebra.
El infinito Borges es un bálsamo para quienes sabemos que así pasen los siglos seguiremos leyendo al autor de “El jardín de senderos que se bifurcan” como la primera vez, sabedores de la poca probabilidad con la que podríamos haber trabado realmente amistad con un ser inalcanzable como él.
O en el infinito.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/25/actualidad/1461601933_152240.html
