También hablábamos de Cuba, lo nuestro le despertaba gran curiosidad, y hacía preguntas para las que yo apenas tenía respuesta.
Para mí no ha muerto la representante literaria sino la amiga entrañable y cálida, divertida y provocadora, amorosa.
Como la mesa era su lugar preferido para homenajear, querer o negociar, tuve bastante cenas, desayunos o picoteos con ella.
De todas sus cualidades yo prefiero el humor, me parece que este ponía un acento en todo lo demás y la hacía eficaz, casi infalible.
Por su confianza en mi discreción, y por no sentir yo demasiada curiosidad por el mundo literario y editorial, me hizo objeto de muchas confesiones.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/23/opinion/a04a1cul
