Cerraron un medio de comunicación que era camino al entendimiento entre mexicanos, que a muchísimos nos parecía viable por su independencia, oportunidad y claridad.
Hago un recuento somero: suprimieron el único programa de radio, crítico y profesional, el de Carmen Aristegui.
Algo parecido sucede en el ámbito federal, donde, más que obstruir calles y avenidas, los excesos son otros: cierran vías enteras a la expresión pública y al ejercicio de la soberanía ciudadana, golpean todos los días la economía de la gente, colman su paciencia, mienten, persiguen, cierran caminos de solución a los problemas y ahogan al pueblo con abusos y atropellos de todo tipo.
El sistema, desde los tres poderes clásicos hasta los organismos autónomos, resuelve cuando hay conflictos o choque de intereses, siempre o casi siempre, en favor de los pocos de arriba y en contra de la mayoría cada vez más pobre y marginada.
No valió su amplia audiencia, su profesionalismo, su probidad intelectual, su valor civil; una investigación exitosa y una crítica certera de su equipo no fueron respondidos con razones, sino con un manotazo en la mesa y una injusticia.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/18/opinion/020a2pol
