El problema, como lo ve buen número de analistas, es que Elías Azar puede llevar a la ruina moral, si así podemos decirlo, al TSJDF.
Pero en fin, de lo que se trata es que Rafael Guerra está en pie de lucha y dice que tiene el proyecto necesario para levantar la institución.
Su presencia en la contienda obedece, hasta donde nos han dicho, al deseo, también, de refrescar la vida del tribunal, y con ello darle la posibilidad de colocarse como ente confiable frente a la sociedad.
Así, al parecer, se le ha dicho al actual presidente, pero este se niega a aceptar que la institución se encuentra en un momento difícil que no parece tener solución con él a la cabeza.
Con esa resolución, seguramente cambió la vida de un joven que ya había sido sentenciado por un tribunal menor, pero que Guerra halló sin pruebas suficientes para reafirmar la sentencia que lo mantenía en la cárcel.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/13/opinion/030o1cap
