De uno y otro lados, las imputaciones por relaciones inconfesables con políticos desprestigiados y narcotraficantes campeó en un primer ejercicio que, si bien satisfizo el morbo colectivo por saber qué se iban a decir los dos adversarios parientes, dejó de lado la parte sustantiva de cómo resolver el galimatías que representan las quebradas finanzas públicas y el sentimiento de vulnerabilidad colectiva.
Esa percepción se debe al menudeo de noticias de secuestros, desapariciones y homicidios, bajo la displicencia complaciente de una Fiscalía General del Estado cuestionada por el desaseado trato a casos emblemáticos como el de Los Porkys de Costa de Oro o la descalificación a priori de los hallazgos de restos humanos hechos por brigadistas voluntarios en fosas clandestinas en el municipio de Amatlán, por citar un par.
Las mutuas acusaciones y el discurso estridente de los candidatos de la alianza encabezada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Héctor Yunes Landa, y de la formada por los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), Miguel Ángel Yunes Linares, opacaron a los seis aspirantes que acudieron el lunes al debate organizado por una televisora privada de Coatzacoalcos y distrajo de las preocupaciones ciudadanas por la corrupción, la urgencia de generar empleos y el combate a la inseguridad, enseñoreada en vastas zonas del estado.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/20/opinion/029o1est
