Hugo Gutiérrez Vega fue un hombre afortunado que conoció el mundo, lo enamoró y vivió para cantarlo.
Si bien nunca ignoró la dimensión trágica de todo, prefería expresarla en tono de comedia, farsa con filo, humor sin remilgos como antídoto de la cochambre.
–Bueno, Hugo, si no hay más remedio está bien, pero haga usted nada más papeles serios, de acuerdo con la dignidad de su cargo.
En la nómina de sus haceres, azares y bazares ocupa la poesía las primeras líneas siempre, caudalosa y riente.
Corría 1978 y el teatro Santa Catarina servía de trinchera a una batalla más jocosa que feroz por la libertad de expresión.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/28/opinion/a10a1cul
