Suena humano porque suena ridículo: Santos enfurece a Uribe, su jefe político, por no gobernar como Uribe sino como Santos; Uribe monta una ideología sobre su animadversión por Santos; se cruzan insultos que no entrarán a la historia de los insultos, “¡fascista!”, “¡comunista!”, pero son suficientes para pasar de ser aliados a ser enemigos que arruinan las comidas familiares; Uribe declara la “resistencia civil” contra lo que llama “la paz de Santos”; Santos estalla a veces, cuando es retratado como un guerrillero que va a entregar el país a las FARC, pero, quizás para sonar magnánimo, quizás en el ánimo de ahorrarle al país el tiempo que se pierde peleando peleas ajenas, cede a la idea de escribirle a Uribe una carta reivindicatoria: “Podemos trabajar conjuntamente en la construcción de un país mejor”; Uribe lo rechaza sin piedad.
Santos cometió entonces el error —pues sonó a encerrona— de publicar la carta en internet.
Uribe respondió como un trol.
Y qué se puede esperar de alguien que sueña con volver a la Casa de Nariño.
Hoy, cuando su figura produce idolatría, preocupación e irrespeto por partes iguales —hay quienes sueñan con verlo encerrado como Abimael Guzmán—, qué carta podrá convencerlo de no ser un enemigo, sino un opositor.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/07/19/colombia/1468964953_409399.html
