Sea como sea, el efecto Sanders, que comenzó con un candidato individual y ha puesto en acción a decenas de miles de activistas a lo largo de la Unión, ya tiene un mérito en sí.
Sobre todo, a los estratos medios y de trabajadores blancos, golpeados por la crisis de 2008 como no había sucedido desde 1929.
No sólo ha pasado a dominar la agenda de las discusiones, sino algo más relevante aún: ha transformado las formas de hacer política electoral.
Por el otro, Bernie Sanders, el contendiente de Hillary Clinton en el Partido Demócrata, que aún debe mostrar que es capaz de superar a una maquinaria política que controla la mayoría de los estados en que no se han efectuado todavía elecciones primarias.
Y con ello, las formas de hacer política en general.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/27/opinion/015a1pol
