La apuesta estilística de László Nemes es notable.
Así transcurre metódicamente el trabajo de Saúl, en el año 1944 y en un lugar no identificado, que pudiera ser Auschwitz, cuando la amenaza del arribo de las fuerzas aliadas obliga a acelerar el imperativo fascista de la llamada solución final.
Al concentrarse en esa tarea de Saúl, el realizador exhibe la lógica más oscura del proyecto nazi, que consiste en despojar por completo a judíos, disidentes políticos, gitanos, homosexuales y otros parias sociales, de todo rastro de dignidad humana.
Ingeniería del horror.
Lo que definitivamente distingue a El hijo de Saúl, primer largometraje del húngaro László Nemes, de la mayoría de cintas filmadas sobre la tragedia del Holocausto, es haberse concentrado en la faena diaria de Saúl Ausländer (Géza Röhring), prisionero de un campo de concentración nazi e integrante de un grupo de Sonderkommandos, encargado de conducir a otros judíos como él a las cámaras de gases y recoger sus ropas y disponer de los cadáveres después del exterminio, para dejar limpio el lugar para la llegada de nuevos presos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/28/opinion/a09a1esp
