Un día, frustrado por una eliminación europea, escribí dos cartas: una a García y otra a Rosety.
Había algo que me parecía muy poético en la vida de Rosety.
En medio de 100.000 personas gritando, Gaspar Rosety y yo podíamos escucharnos hasta la respiración.
La modulaba según el resultado, según la remontada, según las prisas del portero, según las expulsiones; en cuanto abría la boca lo sabías todo.
La llegué a dejar de oír para empezar a sentirla porque era la voz que me traía los goles del Madrid.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/03/06/actualidad/1457265140_703121.html
