Poco importa si los sujetos devienen objetos, sus cuerpos más obedientes a una gimnasia exhaustiva que a un deseo libre, erótico.
Hoy, los filmes pornográficos exhiben gigantescos zooms de las zonas erógenas desnudas en escenas crudamente sexuales, y esto pasa por una victoria de la libertad.
Dos exposiciones se presentan en París.
Estos dos actos revelan a qué extremo, a pesar de las crisis que ensombrecen la moral de los franceses, éstos guardan fidelidad a sus pasiones más durables: el amor, el erotismo, el deseo, el sexo, el juego entre la mujer y el hombre.
Una, en el museo del jardín de Luxemburgo, titulada Fragonard amoureux: Galant et libertin; otra, en el Museo d’Orsay, Splendeurs et misères des courtisanes: images de la prostitution, que no se pudo inaugurar debido a una huelga.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/24/opinion/a07a1cul
