Hay que tener en cuenta que el hábitat del bicho (de la mosca común) es la inmundicia, y que puede llevar en sus patas restos de elementos putrefactos que deposita en el plato.
Las consecuenciasA menos que el filete estuviera crudo (pero, de verdad: no poco hecho), su organismo no va a notarlo, pero claro, seguramente el asco no se lo quite nadie.
Si ha aterrizado sobre una fruta, tampoco hay peligro: «El azúcar que contiene retrasa la aparición de bacterias y, además, las que se crían en ella no son nocivas, a diferencia de los patógenos que se desarrollan en la carne o el pescado a temperatura ambiente».
“Si nos comiéramos una mosca limpia, no nos pasaría nada”, sentenciaba Mª Ángeles Marcos García, catedrática de la Universidad de Alicante y directora del Instituto Universitario CIBIO: “El problema es cuando los microbios que transportan entran en contacto con alimentos no cocinados y se dejan en condiciones favorables al cultivo de bacterias, por ejemplo, fuera del refrigerador”, señalaba a BUENAVIDA Enrique Baquero, zoólogo profesor e investigador de Biología Ambiental y Biodiversidad de la Universidad de Navarra.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/01/album/1464777944_500045.html
