El papa Francisco llegó ayer a La Habana para una visita de cuatro días, que será continuada con una gira por Estados Unidos.
Este viaje, el tercero de un Papa a Cuba, se da en un contexto y en un ambiente radicalmente distinto a los de sus predecesores.
Por su parte, Benedicto XVI, segundo pontífice en visitar la nación caribeña, llegó a La Habana un año antes de renunciar al papado, en el contexto de una conmemoración religiosa, y su estadía en Cuba fue tan gris como el resto de su breve pontificado.
Cabe recordar que la visita de Juan Pablo II en 1998 se enmarcó en la feroz ofensiva ideológica contra el gobierno cubano y que la anuencia cubana a su estadía en la isla fue vista como una táctica para neutralizar el hostigamiento vaticano, cosa que, de hecho, sucedió.
Al ser recibido por el presidente cubano, Raúl Castro, el pontífice calificó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington de signo de la victoria de la cultura del encuentro y del diálogo tras más de medio siglo de hostilidad.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/20/opinion/002a1edi
