El gobierno insiste en que sus decisiones recientes sobre la economía son responsables, pero los destinatarios no parecen conmoverse.
Más bien, su destino se hace depender cada vez más de la paciencia del respetable que ya somos casi todos.
Los órganos colegiados representativos del Estado no han logrado encontrar el lugar que deberían ocupar en las discusiones y resoluciones que sobre la economía les corresponden.
Algunos hasta lo agradecen, cuando víctimas de alguna incertidumbre acuden al mensaje oficial de que después de todo no estamos tan mal como los vecinos.
No hay ciencia ni habilidad tecnocrática en este juego, mucho menos formalidad republicana y democrática.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/28/opinion/015a1pol
