¿Para qué aventurarse en el sórdido barrio de los burdeles si puedes traerte el lupanar a casa?
Pero al menos en una ocasión, en la lujosa residencia llamada Casa del Centenario, los frescos parecen esconder algo más.
De repente se oyen dos estampidos prodigiosos y una nube gigantesca con aspecto de árbol llena el cielo.
(Que quien ame prospere, que muera quien no sepa amar / Y que muera dos veces quien prohíba el amor).
Una mujer arrodillada retira el velo que cubre un objeto que no vemos, probablemente un fascinus, un pene erecto.
Fuente original: Hic futui: pornografía pompeyana – Jot Down Cultural Magazine
