Hasta los ocho años, Sufjan Stevens solo supo cómo manejar lápices de colores y aprendió a tocar instrumentos cuyo nombre no podía escribir.
Poco tiempo después, Stevens se encontraría leyendo su primer libro: La caída del imperio romano, de Edward Gibbons.
De repente, aquel niño raro, que bajaba la cabeza cuando hablaba con un extraño, era un autor de culto.
Dicen que Lester Bangs, el crítico musical más famoso de la historia, solía escribir sus impresiones de un disco después de haberlo escuchando cien o doscientas veces.
Así, un niño podía pasarse la mañana pintando delfines en una pared sin que ningún adulto le molestara.
Fuente: http://www.jotdown.es/2015/10/la-nave-de-sufjan-stevens/
