El Palacio de Justicia se desploma bajo los expedientes en espera y es causa de la famosa lentitud de la justicia de la cual todos se quejan: objeto suplementario de descontento que permitiría levantar una queja.
Las relaciones de los franceses con su justicia nunca han sido tranquilas.
Esto no cambia el veredicto ni la sentencia, pero es posible imaginar que esta especie de desahogo consuela y alivia al vencido.
Lo cual indica a qué extremo la cuestión obsesionante de la justicia se halla desde siempre en el centro de las cosas que atizan la curiosidad e, incluso, la pasión de los franceses.
En la actualidad, no pasa un día en Francia sin que una queja no sea levantada ante el tribunal.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/12/opinion/a04a1cul
