A partir de la próxima semana las cartas de este Cuévano vuelven a mirar de lejos a la Ciudad de México.
Durante los pasados quince años le sobreviví un cáncer, dos infartos, todo el humo en los pulmones y toda eternidad en cada instante.
Me llevo una sola bugambilia y el recuerdo azul de una mirada, la cabellera negra de las noches y todas las promesas que se me quedaron sin cumplir.
En el pasillo se quedan dormidos mis perros en espera de que todo esto no sea más un largo sueño que ha de convertirse en párrafo… porque en realidad, me quedo en cada uno de los instantes que he vivido en la ciudad más grande del mundo.
Que la he visto desde la improvisada altura de sus segundos pisos viales y desde las madrugadas en recorridos interminables de callada sobriedad, la memorizo cada vez que leo las diferentes caras de sus siglos e intento inventarla cada vez que los embotellamientos del tránsito se vuelven el tráfico del tráfago.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2015/09/29/actualidad/1443549008_357915.html
