Un tesoro por el que desde hace años luchan los cárteles y donde hasta ahora Guzmán Loera había impuesto la ley.
Sabían que ese día el jefe zonal del cártel, Aureliano Guzmán Loera, El Guano, se había ausentado y que la mujer no contaba con protección.
Su salida del santuario narco, más que una huida, es el símbolo de un ocaso: el principio del fin del poder de Joaquín Guzmán Loera.
La incursión también ha sido interpretada como un signo de la descomposición interna del cártel de Sinaloa.
Contratados en su día como su brazo armado, rompieron en 2008 con Guzmán Loera, al sentirse traicionados por la detención de un hermano, Alfredo, El Mochomo.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/06/18/mexico/1466211898_977258.html
