Cultos que tal vez acojan en su seno a nombres públicos que creen en la trascendencia del ser humano y la abolición de la figura de la deidad como la entendemos.
Este culto al ser humano, este “haz lo que quieras”, probablemente es lo que le ha dado su fama a Crowley a lo largo de la historia.
Curiosamente, aunque hoy día tildaríamos a Crowley como un lunático, en su época llegó a ser temido y respetado.
Pero tenemos aseveraciones más generales y metafóricas que, aún así, dejan un poso de reivindicación neoliberal: Todo hombre y mujer es una estrella.
Puesto que Crowley practicaba la magia sexual, una especie de orgía en la que se transmite paz a través del coito indiscriminado.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/01/tentaciones/1467375529_613742.html
