La pira de Cocula es un emblema del fuego purificador en el que esta presidencia querría reducir a cenizas sus propias responsabilidades.
Por supuesto, la veracidad de estas fantasías sórdidas se encuentra en el ámbito de la representación simbólica.
Al evocar la gran fogata de Cocula, el gobierno sintió que ponía un punto final a la tremenda bronca en la que está metido.
En otros términos, los hechos consignados en el relato oficial nunca ocurrieron, pero al gobierno le habría encantado que las cosas hubiesen sucedido según su narración.
La realidad de la incineración reside más bien en la correspondencia entre las historias elaboradas por la PGR y los deseos verdaderos de quienes tienen en sus manos el poder federal.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/22/opinion/025a1mun
