“Me dan seis meses de subsidio, ¿después qué, dónde voy?”, se pregunta Efrain Álava, de 48 años.
Pero mientras los hoteles resquebrajados y los edificios con los cristales rotos se ven a simple vista, la amenaza del zika y las diarreas, por ejemplo, son más difíciles de percibir seis meses después del temblor.
Pero, como reflexiona Olmedo Altamirano, responsable de programas de agua de Unicef, «muchos donantes solo ven infraestructuras caídas, no personas».
Poco después de producirse, una legión de médicos se trasladó desde Quito, Guayaquil y otras partes del país para atender a los afectados.
En el mejor de los casos, acuden a las viviendas de sus vecinos más afortunados para hacer sus necesidades.
Fuente original: Las dos caras tras el terremoto de Ecuador | Planeta Futuro | EL PAÍS
