La imagen de los postes repintados en la avenida República, en Ciudad Juárez, dibuja el recorrido del papa Francisco en México.
No para que el Papa resolviera su doliente problema, sino para que los reflectores internacionales dieran cuenta del México profundo.
El pontífice no vio lo que el gobierno no quiso mostrarle, pero tampoco lo consideraba su propia agenda.
Esta respuesta responsabiliza y culpabiliza a las víctimas, como hace el Estado.
La pregunta es si el Papa realmente quería verla.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/20/opinion/012o1pol
