A los 12 años diseñó alfabetos codificados –mezcla de tipos cirílicos con runas germánicas– para comunicarse con su hermano de manera encriptada.
Para ocultar aquella actividad fabricó detectores que los alertaban si se movía la manija de la puerta.
Nacido el 8 de noviembre de 1918 en Núremberg y conoció desde muy niño el hambre de la gran depresión.
Poco importa ya que sea impreso en papel, estampado en acrílico o ingeniosamente emulado mediante los pixeles de una pantalla electrónica de cualquier especie.
Si hacemos a un lado la extendida metonimia y acudimos a la literalidad, son ellos los verdaderos hombres (y mujeres) de letras.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/03/opinion/040o1soc
