Eso sí que es atentar contra la estabilidad, al cercenar algunas de las bases del crecimiento futuro.
Al final de cuentas, lo que se requiere es llegar a una combinación consistente de ingresos provenientes de impuestos, derechos y demás, con deuda interna y externa.
El coronel no tiene quien le escriba ni el emperador quien le vista.
Ese espacio no es fijo ni depende del humor hacendario.
No sé si, en efecto, este espacio fiscal es tan inexistente como lo cree mi colega y amigo Fernando Chávez, quien rechaza mis dichos sobre la conveniencia de recurrir al endeudamiento y no entronizar la tijera como modo principal de hacer política económica.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/20/opinion/017a1pol
