¡Sésamo, ábrete!
¿Cuál parte de Alí Babá y los 40 ladrones recordamos con júbilo y alegría?
Porque Alí Babá, cautivo de la eterna debilidad de la indiscreción o violación del secreto iniciático , comunica la dicha a su esposa, haciéndola partícipe de su fortuna.
Envidioso, el primogénito chantajea al suertudo, exigiéndole la revelación de su secreto, con la amenaza de denunciarlo a la justicia.
Ahora bien: ¿sería demasiado forzado asociar el celebérrimo relato con la práctica de esas cuevas eufemísticamente llamadas paraísos fiscales?
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/20/opinion/019a1pol
