No, la prioridad es conjurarnos contra quienes quieran importar a los otros veintisiete la misma mercancía tóxica, xenófoba y provinciana que acaba de desenganchar al Reino Unido y que amenaza ahora con de-construir sesenta años de unión cada vez más estrecha.
Por su parte, el fuerte golpe económico que las empresas y los trabajadores británicos sufrirán a corto y, al menos, a medio plazo está fuera de toda duda.
Pero también a las ideas mestizas y a los valores universales moldeados en veintitantos idiomas, por países que hasta hace poco se hacían la guerra cada generación.
A los millones de inmigrantes que ya viven en las islas.
Por eso, en el grave momento presente, la prioridad no puede ser cargar más contra los defectos que sin duda tiene ese artificio milagroso y frágil que llamamos Bruselas.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/24/opinion/1466765082_780752.html
