Todo ello podría hasta funcionar si hoy Brasil y el mundo siguieran siendo como entonces, pero no parecen serlo.
Con el presidente de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, herido de muerte, no podía ser momento mejor.
Lula gobernó en la gloria, sin oposición, sin manifestaciones callejeras en las que se gritara “fuera Lula”, aplaudido internamente y endiosado internacionalmente.
Lula navegó muy bien bajo las aguas del PMDB, a quién supo regar en todo momento con prebendas y poder.
Ese parece ser su proyecto.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2015/10/02/actualidad/1443803704_612161.html
