Polonia y otros países de Europa del este no quieren a los refugiados, porque aún no han hecho conciencia de sus crímenes contra los judíos en la Segunda Guerra Mundial y después .
The Guardian, 31/8/15).
Contrastando la cerrazón centroeuropea con la apertura alemana, recuerda que después de 1945 los judíos sobrevivientes –igual que hoy los musulmanes– preferían huir a los campos de refugiados en Alemania que quedarse en Polonia o Hungría (pero olvida que estos campos eran gobernados por los aliados y que alemanes rechazaban incluso a… otros alemanes que venían al Heimat desplazados de terrenos que hoy son Polonia, como bien recuerda Günter Grass en Sobre la finitud, su libro póstumo.
Así Jan T. Gross, reconocido historiador de Princeton –que en 1969, tras la campaña antisemita del gobierno socialista polaco, se refugió en Estados Unidos– explica la vergonzosa y llena de xenofobia actitud de gobiernos y sociedades de la región hacia las víctimas de guerras en Medio Oriente: Son incapaces de ayudar a la gente que huye del mal, porque no trabajaron su propio pasado de asesinar y/o entregar los judíos a los nazis (Project Syndicate, 13/9/15).
Gross, figura clave en cuestionar nuestra eterna victimización y confrontarnos con el pasado incómodo –en Los vecinos (2001) escribió de un pogromo de la comunidad judía a manos polacas (1941); en El miedo (2008), de por qué aún después de la guerra en Polonia reinaba el antisemitismo; en La cosecha dorada (2011), de cómo lucrábamos con el Holocausto–, va tan lejos como para afirmar que polacos orgullosos de su resistencia antinazi y salvar a muchos judíos (vide: Yad Vashem) mataron durante la guerra más judíos que alemanes (véase su nota de pie).
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/25/opinion/022a2pol
