Si ese silencio y ausencia de debate es muestra de la conciencia de un fracaso, bienvenido sea.
Pero la responsabilidad, una vez más, no es del modelo sino, como es habitual, de sus enemigos exteriores e interiores, a los que hay que reprimir.
Algo parecido pasa ahora con el “socialismo del siglo XXI”, como los seguidores de la revolución bolivariana han gustado de describir el proceso vivido en Venezuela.
En el país con las primeras reservas petrolíferas del mundo escasean hoy la electricidad y el papel higiénico tanto como los derechos humanos, la democracia y las libertades.
Había una vez una bella idea cuya puesta en práctica degeneraba en una pesadilla cada vez que se intentaba.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/05/24/opinion/1464085794_041043.html
