Livia Díaz /SemMéxico
México.- Para describir Xalapa hay que hacer un antes y un después forzoso. Decir que al llegar olía a tierra mojada y que había flores o colores de flores en todos sus rincones. Que hasta en el comedor más modesto, el panorama invitaba a ir hacia el pasado de un México atrapado en el tiempo. Ahora son los cierres de las calles con bloqueos, fuego, balaceras y otros hechos violentos.
Pero este viernes, los citadinos de Veracruz perdieron el sueño, después del ataque a tres mujeres y cuatro jóvenes que charlaban en la casa. Su pesadilla comenzó con la llegada de desconocidos con el rostro cubierto, armados de machetes y palos que los golpearon una y otra vez hasta dejarlos casi muertos. La prensa, en un afán, quizá, suponemos, de denuncia, se volvió la ventana por donde vimos su sangre regada sobre el piso y otros rincones de su habitación, lo que la ciudad guardaba, desapareció a la una de la madrugada cuando se supo la noticia. La denuncia y el llanto, los gritos, las manifestaciones de repudio, la exigencia de claridad y de justicia, fueron el alimento del día. Nadie se explica por qué ha pasado esto. ¿Cómo? ¿Quién fue?
Sólo se percibe que el miedo se ha incrementado y a unas horas del proceso electoral, todos y todas presumen que se trata de un plan para desalentar a la población al voto, esto último también por ver que funcionarios electorales renunciaron en la víspera, «otros 156» dice gobernantes.com.
Ante los hechos, los Consejeros Estudiantiles de la Universidad Veracruzana de las Facultades de Filosofía, Antropología, Historia, Derecho, Idiomas, Sociología y Pedagogía exigieron garantizar la seguridad de la ciudadanía, no dejar impunes estos hechos y que los procesos sean llevados a cabo con la mayor transparencia y competitividad posible.
Por parte de las asociaciones civiles, CANACINTRA pidió que llegue la guardia civil. En general, casi todos se han volcado a hablar de su repudio a estos hechos, lamentables, imperdonables y repetidos, porque no son los únicos de días recientes ni aislados y ya nadie cree que lo que pasa en la ciudad sean síntomas de una explosión violenta de entes enojados que revientan contra el otro simplemente porque sí, sino que han dicho, dicen, que es un plan trazado y que tiene intenciones criminales para doblegar a las personas, cual súbditos a sus condiciones y órdenes para realizar en su reino, de terror, su santa voluntad, con libre albedrío, pues ante la impunidad la injusticia, y ante la injusticia la permisividad de que se repita.
Además ya nadie cree que esto podría seguir sin control, sin intervención de otras instancias o instituciones, o países, impávidos e impasibles, sin meter la mano para bajarle el calor al fogón, en el que atizan, contra la población civil, sin cesar, los que tienen la batuta en esta orquesta.
La gente de Xalapa ya no se la cree, que no se puede, quisieran que se pudiera y a diario, en la Plaza Lerdo que renombraron Regina en la avenida Henríquez, en cualquier parte, exigen que esto termine.
