José Gil Olmos

MÉXICO, D.F. (apro).- Son 23 mil los desaparecidos. Nunca antes se había registrado un número tan alto de personas desaparecidas de manera forzada en México y quizá en el mundo por razones de una guerra entre el crimen organizado y las fuerzas gubernamentales.

Desde hace cuatro años el Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad integrado por víctimas de la violencia ha demandado un cambio en la estrategia militar y policiaca del gobierno por una de inteligencia, combate a la corrupción en todos los niveles y sectores de la política y la sociedad y de protección de derechos humanos.

El tiempo les ha dado la razón contra el empecinamiento del gobierno de Felipe Calderón en su momento y ahora de Enrique Peña Nieto que sigue comprando armas al principal beneficiado del negocio de las drogas y la guerra: los Estados Unidos.

En el 2012 el poeta Javier Sicilia y un grupo de familiares de muertos y desaparecidos emprendieron una caravana de un mes en Estados Unidos para pedir a los estadunidenses detener el tráfico de armas a México, que en su mayoría va a parar a las bandas del crimen organizado y dejar de apoyar la estrategia armamentista del gobierno mexicano que únicamente generaba más muertos, desaparecidos, rompimiento del tejido social y violencia.

Antes, los integrantes de este movimiento y de otros más que demandan justicia para sus familiares desaparecidos o asesinados, se reunieron con Enrique Peña Nieto, entonces candidato presidencial del PRI. Presentaron sus testimonios ante un impasible político que repitió un discurso desgastado e insensible. “No escucho su corazón, no lo escucho vibrar con el dolor de las víctimas. Escucho un discurso frío que aterra, nos aterra a todos. No le escucho una palabra de piedad, de compasión frente a tanto dolor”, dijo el poeta en esa reunión de mayo en el Alcázar del Castillo de Chapultepec.

Javier Sicilia dijo en ese momento a Enrique Peña Nieto que su candidatura “representa el regreso al pasado, al origen de la corrupción de las instituciones (…) la imposición de la presidencia imperial, el uso patrimonialista de la nación, la represión, la manipulación mediática”.

El tiempo le dio la razón al poeta.

Desde que tomó el poder a la fecha ha habido durante el gobierno de Enrique Peña Nieto más de 57 mil muertos por violencia que representan 14 mil más que los que tuvo Calderón los dos primeros años de su gobierno, señaló la revista Zeta de Tijuana en agosto del año pasado. En tanto que la revista Nexos en su edición de enero de este año indica que con Calderón desaparecieron 5.9 personas cada día de su administración, mientras que con Peña Nieto han desaparecido 13.4 personas cada día.

Hoy Peña asegura que hasta los más críticos tienen que reconocer que la violencia y la pérdida de vidas han disminuido, que los asesinatos dolosos son menos. Lo dice en víspera del arranque de campañas electorales, en el momento en que su partido está perdiendo puntos y votos.

Ante estas declaraciones una víctima se preguntaría ¿En qué mundo vive el presidente que no alcanza a mirar detrás de los cientos de soldados y escoltas que forman un escudo desde el cual sólo mira sombras? ¿De dónde o quien le ha informado esa mentira que se cae simplemente con una mirada al Estado de México que él gobernó pero que desde entonces ya estaba controlado por el crimen organizado? ¿A quién pretende convencer con afirmaciones huecas y retóricas? ¿Por qué si hay más seguridad como lo asegura pone hasta cinco filtros del Estado Mayor Presidencial en los actos que encabeza en las giras a los estados?

La verdad mediática no funciona cuando se trata de muertos, desaparecidos, ejecutados y asesinados con violencia.

Hace cuatros años el poeta Sicilia, a la cabeza del Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad, lo dijo: este será el último movimiento pacífico, los que vienen serán armados. En Michoacán ya se dio el primer aviso y en Guerrero ya se está expresando.

@GilOlmos

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