Emmanuel González-Ortega

Una carta pública dirigida a las empresas semilleras transnacionales -en particular a DuPont– por parte de un grupo de científicos entomólogos de universidades de Estados Unidos confirma la ola de cuestionamientos hacia la agrobiotecnología transgénica. En dicho comunicado, los investigadores de la Universidades estatales de Michigan, Ohio, Pennsilvania, de la Universidad de Purdue, y de la Universidad de Cornell, denuncian que el maíz transgénico conocido como Herculex 1 no cumple con lo prometido por dicho producto biotecnológico, el cual fue modificado genéticamente para producir la proteína Cry1F, obtenida de la bacteria que habita el suelo: Agrobacterium tumefaciens, y que es naturalmente tóxica para ciertas especies de insectos lepidópteros. Es decir, que hipotéticamente la planta de maíz transgénico produce la proteína que elimina a ese tipo de insectos (un gusano, de la especie Striacosta albicosta) cuando estos comen del maíz.

El ‘Cinturón del maíz’ es la región de los Estados Unidos en la que se siembra la mayor cantidad de maíz, se localiza en el medio oeste de ese país, que incluye a los Estados de Iowa, Illinois, Indiana, Michigan, Ohio, Nebraska, Kansas, Minnesota y Missouri y en donde desde mediados del siglo XIX el maíz es el cultivo de mayor importancia económica.

Los investigadores argumentan que aunque la presencia de este insecto se detectó en una parte del ‘Cinturón del maíz’ desde hace años, recientemente se ha detectado la presencia de esta plaga en un periodo de tiempo corto en grandes extensiones de la región productora de maíz.

Aunque la variedad de maíz transgénico se ofreció por las transnacionales como un método de control “altamente eficiente” de este y otros gusanos plaga, esa variedad de maíz transgénico no ha sido eficaz en controlar la propagación de la plaga, por lo que se ha echado mano de la aplicación de plaguicidas químicos (algo que la biotecnología transgénica prometió abatir). Sin embargo, el rendimiento agrícola se ha visto sensiblemente mermado. Además, exigen a las compañías el modificar las fichas técnicas del maíz transgénico Herculex 1, aclarando que  no es capaz de eliminar al insecto que se ha convertido en plaga.

A la carta de los académicos se suma el reportaje periodístico publicado el 29 de octubre en el diario norteamericano “The New York Times”, y que pone en la mesa las incertidumbres sobre los beneficios de los cultivos transgénicos. Este artículo expone que los cultivos modificados genéticamente y ampliamente sembrados en Estados Unidos y Canadá no han generado aumentos en los rendimientos agrícolas, ni una disminución en el uso de pesticidas químicos –particularmente herbicidas-, pero si un aumento significativo d estos.

El reportaje de investigación se da en el contexto de los 20 años de la implementación de la agrobiotecnología transgénica, y compara los indicadores de rendimiento agronómico de las variedades transgénicas (maíz, canola, caña de azúcar) sembradas en Estados Unidos; contra las variedades convencionales de dichos cultivos, sembrados en algunos países de Europa Occidental (que se han rehusado a implementar la agricultura con cultivos transgénicos en sus territorios).

El reportaje no habla sobre los daños a la ecología producida por la agricultura transgénica, tales como la aparición de malezas resistentes a los herbicidas: actualmente hay 251 especies vegetales diferentes en las que se ha detectado resistencia algún herbicida; en 66 países se han detectado malezas resistentes a herbicidas en 88 cultivos diferentes. Tampoco explica sobre los daños a la salud en comunidades cercanas a campos de soya transgénica y que son rociados con glifosato, como está sucediendo en zonas de Argentina y Paraguay.

Aunque es en cierta manera lamentable que un medio de comunicación hegemónico y corporativo marque la agenda sobre temas que implican bioseguridad, riesgos ecológicos, riesgos sanitarios y de pérdida de soberanía alimentaria; y que no se haya prestado oído a la postura científica crítica, interdisciplinaria e independiente sobre los riesgos potenciales de los OGMs, y de la inviabilidad de las promesas transgénicas; resulta al mismo tiempo significativo que en el contexto de la conmemoración del vigésimo aniversario de los cultivos transgénicos, la publicación del reportaje en ese medio ponga de nuevo en la agenda la inviabilidad del modelo transgénico -y de manera importante- en el contexto de las noticias recientes de mega fusiones corporativas entre la farmacéutica Bayer y la semillera transnacional Monsanto con el objetivo de controlar el mercado de semillas y de agroquímicos a nivel mundial.

En el reportaje del New York Times resulta inquietante la declaración del director de la división de investigación en cultivos de Bayer con respecto a que en comparación con Europa, ‘hay geografías en las que hay mucha mayor necesidad de OGMs y donde estos son aceptados. Ellos (las corporaciones) irán a donde el mercado y los consumidores demanden la tecnología’.

¿Cuáles son esas ‘geografías’ que están necesitadas de la tecnología transgénica? ¿nuestros países en América Latina, África, Asia? Ante la realidad prevaleciente y ante tales declaraciones, la agricultura tal y como la conocemos está en riesgo; en muchas regiones de nuestros países se originaron y se mantienen las especies vegetales que son hoy la base de la alimentación de la humanidad, y para el caso particular de México: es centro de origen y diversidad de aproximadamente el 15% de los cultivos mayormente usados en el mundo actual, y de manera relevante, México es centro de origen del maíz.

¡No necesitamos ni aceptamos los cultivos transgénicos!

Reportaje publicado en New York Times: http://www.nytimes.com/2016/10/30/business/gmo-promise-falls-short.html

 

Comentarios