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LA COYUNTURA | Militancia: servicio al cliente
Por Francisco J. Sánchez
30 de octubre, 2015
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Francisco J. Sánchez

Las elecciones locales de los últimos 15 años, despertaron en Oaxaca las pasiones más profundas de la clase política -aquella que vive para la política y que vive de la política-, con la alternancia partidista que inauguró el gobierno panista de Vicente Fox Quezada.

Los líderes de las mayorías dirigidas, principalmente en las oposiciones de la derecha y no pocos de las izquierdas, veían crecer sus posibilidades de sustituir los liderazgos priístas no solo en los municipios, sino en el Congreso del Estado y la gubernatura con sus propios instrumentos del poder: los partidos políticos y las organizaciones sociales.

Era tiempo de inaugurar la época de las militancias, donde la estructura organizacional de cada instituto político ampliaba su valía: primero por su valor numérico, después por su utilidad electoral y por último, y no menos virtuoso, por su valor financiero a través de la presión, movilización y la gestión social.

El militante en la organización social era la causa del proyecto o razón de la lucha y en los partidos políticos era costumbre, cultura, apoyo y lealtad a organización. En ambos casos, lo esencial era defender y promover una causa.

Hoy el militante se transformó en “cliente” y la convicción de administrar el poder público en “clientelismo político”, es decir, prevaleció el intercambio de favores, servicios y dinero dentro del servicio público a cambio de apoyo electoral o político para mantener los cotos de poder.

En este proceso electoral local, no será difícil identificar las nuevas funciones y atribuciones que tendrán los partidos políticos, las organizaciones sociales y los grupos de poder, aunque sí, el reacomodo de los conceptos para actualizarlos a la nueva dinámica de las campañas.

De esta manera, el programa electoral -considerado como el contrato de gobierno de la organización política-, dejará de tener esa triple valía para convencer al electorado: primero con la militancia, seguido por los votantes y por último, con los ciudadanos.

Ahora ese contrato será sustituido por un menú de opciones durante las negociaciones por obtener el voto, mientras los líderes de colonias o comunidades serán identificados como ejecutivos de cuenta, supervisados por los operadores de los candidatos.

En suma, el militante que se construía con la filiación, el compromiso, la ideología y la convicción para participar en la promoción y defensa del partido y su candidato, hoy es un cliente que sabe de la comodidad, el trato personalizado y la rápida o no atención de los aspirantes a un coto de poder.

Y no existe duda que miles esperaran a que estos regresen para volverles a comprar la idea de un buen gobierno a cambio de sus votos, siempre y cuando queden satisfechos con la cantidad que negocien de obra pública, despensas, materiales de construcción o dinero.

Los cargos públicos son para otra clase.

 

Especialista en análisis y estrategia política.

Twitter: @lacoyunturamx

Correo electrónico: franciscosanchezhernandez@yahoo.com.mx

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