Por Everardo R. Bohórquez y Cuevas, corresponsal.

Ciudad de México, (pagina3.mx).- Aislado y virtualmente secuestrado por su segunda esposa, Beatriz del Carmen Bazán, murió José Luis Cuevas “El Gato Macho” y Ènfant Terrible de la moderna pintura mexicana, a los 86 años, aunque su edad estaba fijada oficialmente en 83 años y que se presta a discordancias en su fecha de nacimiento un 26 de febrero, pero de ¿1931 o  1933?

Sin que sus tres hijas tenidas con su primera esposa Bertha Riestra –conocida mejor por Bertha Cuevas,– María José, Ximena y Mariana no volvieran a verlo vivo desde hace por lo menos tres años, sólo se enteraron de la muerte de su padre, vía amistades y por Twitter.

En un hospital de la Ciudad de México dejó de existir la tarde del lunes 3 de julio, sin que se dieran a conocer las causas y un día después muy temprano fue llevado al crematorio; sus cenizas estuvieron en el homenaje que el gobierno federal le rindió en el Palacio de las Bellas Artes. Hay ahorita opiniones de que debe la Secretaría de Cultura federal dar a conocer las causas del  deceso.

Al parecer y según lo investigado por este reportero, en el meollo del asunto está la enorme fortuna monetaria que significa la obra del tempestuoso creador plástico. Esa enorme fortuna que representan los trabajos hechos por él y que aún se pueden encontrar en galerías de México y el resto del mundo, además de lo que valen las instalaciones y las colecciones pictóricas del Museo “José Luis Cuevas”, mismo que cumple ya 25 años y una de cuyas principales retrospectivas se inauguró el jueves 6  de este julio,  en pleno Centro Histórico de la capital de la República.

Ximena, una de las hijas de Cuevas dijo que Bazán, la segunda esposa,  “mediocratizó el legado” de su padre, quien siempre le tuvo un gran miedo a la muerte, por ello a Ximena le existe la incertidumbre de “qué le pasó” y que si en la hora de su tránsito ¿le dolería?

A su vez, su hermana María José señaló que “… mi padre vivía un secuestro físico y mental por parte de Bazán…”, al tiempo que calificó a su progenitor como parte de la cultura de este país.

En suma, las hijas de Cuevas señalan también que aparte de la baja en el trabajo del pintor, en su cotización y en su calidad, su decaimiento, entre otros, se debió a que las instituciones abandonaron al creador, cuando las mismas tenían la obligación de protegerlo.

Al llegar al vestíbulo del Palacio de las Bellas Artes en el martes 4 y en donde se le rindió homenaje a las cenizas del pintor desaparecido, los asistentes rompieron la solemnidad del acto, coreando:  ¡No están solas!, ¡No están Solas! cuando las tres hijas del artista aparecieron en ese lugar, en clara referencia al desencuentro que viven Ximena, Mariana y María José con la ahora viuda del pintor.

En el acto de homenaje al artista fallecido, hablaron la Secretaria de Cultura federal, María Cristina García Zepeda, el escultor jaliciense Fernando González Gortazar y el poeta Homero Aridjis.

LA GENERACIÓN DE LA RUPTURA

Cuevas comenzó a destacar y su obra a cotizarse en México y en el extranjero desde que el artista, quién se inició muy niño , a pesar de que está considerado como autodidacta, al tiempo que igualmente se destacó por su posición crítica de los muralistas mexicanos consagrados como Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

Fue GGG, junto conJuan Soriano, Arnaldo Coen, Vicente Rojo y Manuel Felguérez, entre otros, quienes conformaron la llamada Generación de la Ruptura y que propiciaron una nueva visión de la pintura mexicana, alejándose de los tres “muralistas oficiales” Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, como les llamó ácidamente, aunque luego el propio Cuevas diría que es deudor de la obra de Orozco, reconciliándose de algún modo también con Siqueiros y Rivera.

Asimismo, el polémico pintor, escultor, grabador, dibujante e ilustrador de libros creó en el espacio de la Zona Rosa como él la nombró, su famosísimo Mural Efímero.

Mención especial merecen sus trabajos como ilustrador de libros de escritores, intelectuales y poetas, como es el caso del libro “Uno es el Hombre”, editada en 1994 por la Sedesol, en donde el ahora fallecido plasmó sus trabajos para arropar la poesía del gran chiapaneco Jaime Sabines.

Esta edición resultaría en un binomio de dos de los más significativos creadores de las letras y del arte plástico, ya que el pintor dibuja convirtiendo en realidad pictórica, poemas famosos de Sabines como Los Amorosos, Tarumba y Algo Sobre la Muerte del Mayor Sabines.

.   En la obra plástica que presentamos hoy como ilustración, Cuevas delinea al pensamiento del poeta; se asoma al alma del chiapaneco y se conjunta para dar al espectador la imagen que le provoca al pintor el sentimiento y la inspiración de Sabines:

Del poema Paréntesis: No tengo nada que decir y escribo/ un soneto –es soneto es igual—o una maroma./  No tengo nada que vivir y vivo / y soy dentro de mí como un sarcoma,/ un cáncer en un huevo de paloma/  un ala de un ángel ensamblada a un chivo/, un buey sagrado en una estercoloma/ y la sombra de un Dios bello y lascivo”/.

E igualmente diría Sabines en Algo Sobre la Muerte del Mayor Sabines: “Morir es olvidar, ser olvidado/ refugiarse en el discreto/ calor de Dios, en su cerrado/ puño, crecer igual que un feto.” Y más adelante: Apagarse es morir, lento y aprisa,/ tomar la eternidad como a destajo/ y repartir el alma en la ceniza.

(El dibujo de José Luis Cuevas presente está impreso en el libro editado en 1994 por la Sedesol, de la biblioteca de Jaerbyc y se nos proporcionó por una cortesía hacia pagina3mx. Gracias.)


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