La historia de dos campesinos contra Carlos Slim

*En un pequeño pueblo de Zacatecas, un estado de tradición minera, un arriero y un minero jubilado enfrentan el poder del hombre más rico de México, cuya empresa ha destruido las casas, las escuelas, el cine y la iglesia para instalar una mina a cielo abierto. Su resistencia lleva ya 10 años. Entre las ruinas que quedan de Salaverna, ellos y sus familias se niegan a seguir la suerte de otros poblados que, engullidos por las mineras, hoy son pueblos fantasma.

Foto: Pie de página.

Periodistas de a Pie | Pie de Página

Texto: Juan Manuel Coronel y Mónica Cerbón  Imágenes y video: Adolfo Valtierra

SALAVERNA, ZACATECAS.- Cuando cierran los ojos pueden verlo. Retazos de recuerdos donde suenan música y voces. Ahora, los pasos de dos hombres truenan sobre el empedrado de una calle que se empina y desciende. Las piedras sueltas podrían ser del camino o escombros. Ya todo parece ser la misma materia destruida. Pero si cierran los ojos aún pueden verlo.

“Salaverna era como un nacimiento de navidad, adornado, colorido. Con ese espíritu de seguridad y pequeñez que arropaba”, dice Roberto, y Miguel asiente.

El viento vibra en los oídos cuando baja por las montañas semidesérticas que brillan con la melancolía del cobre y el mineral. Roberto de la Rosa es alto y espigado, de voz rápida y lúcida. Miguel Vázquez es pequeño y taciturno. Escribe más de lo que habla porque su caligrafía cursiva es extendida y bella. Uno es arriero y otro un minero jubilado. Cuando caminan por lo que aún queda de Salaverna, parece que su amistad estaba destinada.

— Ahí está la escuela donde trabajaba tu esposa, ¿no? —, pregunta Roberto, y Miguel, corto de palabra, asiente de nuevo.

— Ahí mero la conocí, me venía desde lejos namás pa´verla — responde.

Los dos hombres se han acostumbrado al silencio despoblado, de respiraderos subterráneos y crujir de tierra. Se acostumbraron a sólo escuchar sus pasos sobre las piedras. Los hombres de la minera Tayahua ya no se aparecen por aquí. Entran bajo tierra y no se les ve otra vez.

Hace 10 meses, esos hombres barrieron con buldóceres la iglesia, las escuelas, las casas. Pertenecen a la mina propiedad de Grupo Frisco, de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos de este mundo.

Sólo en lo que va de 2017, Slim aumentó su fortuna en 1.46 billones de pesos, una cifra que equivale al dinero que circula en México. Es decir, si vaciáramos todos los bancos del país, las tiendas, las carteras y alcancías, y juntáramos todos los billetes, sería apenas la cantidad de dinero que el magnate obtuvo este año.

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