En aulas provisionales imparten clases como pueden. Foto: Diana Manzo.

Diana MANZO / Corresponsal

JUCHITÁN, Oax., (pagina3.mx).- Ser docente y vivir un proceso de reconstrucción después de un terremoto, se ha convertido en un reto  para el profesorado de la región del Istmo de Tehuantepec.

Muchos de ellos y ellas laboran en aulas provisionales y prestadas, algunos cambiaron de turno laboral e inclusive dejaron atrás sus actividades recreativas para cumplir con la formación educativa de sus estudiantes.

La reconstrucción de las aulas es lenta en esta zona de Oaxaca, por ejemplo la “Escuela Primaria Juchitán” en donde sus estudiantes toman clases en aulas prestadas de la escuela primaria “Jaime Torres Bodet” y en turno vespertino, porque sus aulas no han sido demolidas y mucho menos reconstruidas a más de 8 meses del terremoto del 7 de septiembre.

Según la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), adherida a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en la región del  Istmo de Tehuantepec se dañaron alrededor  de 1665 instituciones educativas.

De ese número, el 80 por ciento continua en su etapa de reconstrucción y el resto se ha rehabilitado porque solo presentaban daños menores y la única que ha concluido es el Centro Escolar Juchitán.

La Escuela Primaria Juchitán se ubica en la segunda sección, y antes del terremoto laboraba en turno matutino con una plantilla docente de 16 trabajadores y 270 estudiantes de primero a sexto grado, actualmente se ha reducido la matrícula escolar a 190 estudiantes, debido a que el resto decidió emigrar a otras escuelas por las mañanas.

Después del terremoto “todo cambio”, expresa el profesor Francisco Antonio Cuevas, quien imparte clases a estudiantes del quinto grado de primaria y reconoció que el cambio de escuela, horario y tiempo en las aulas ha afectado  en cierta parte a niños y niñas, principalmente en sus hábitos alimenticios y recreativos.

Foto: Presidencia de la República.

“A las 3 de la tarde, en plena clase, los niños piden comer porque su reloj biológico así lo indica, ellos tomaban clases de 8:00 a 1:30 de la tarde, ahora lo hacen de 1:30 a 5:00 de la tarde, eso es una complicación pero lo hemos soportado, es un reto que estamos enfrentando para poder dar clases en esta etapa de reconstrucción”, señaló.

El profesor que también es damnificado, perdió su casa, y explicó que los padres de familia fueron los que tomaron la decisión de acudir a clases desde enero pasado en aulas prestadas, porque la preocupación era perder el ciclo escolar, por fortuna todos cooperamos y hoy brindamos clases aun con todas las adversidades.

Por ejemplo, Flor Yamileth Regalado de la Cruz, estudiante de quinto grado de primara ha dejado de asistir a sus entrenamientos de futbol desde enero cuando comenzaron con las clases en el turno vespertino, se siente triste porque no está en su escuela de antes y no ve para cuándo regresar.

“Para ir a mi casa paso por las instalaciones de mi escuela y veo con tristeza que sigue de pie y lastimada por el sismo, ahí teníamos clima y no nos preocupábamos del calor, ahora lo que hacemos para mitigar el intenso calor es tomar clases afuera, en el patio”, dijo.

El  maestro Francisco Antonio Cuevas reconoció que el cambio de horario ha sido el principal motivo por el cual muchos padres de familia cambiaron a sus hijos a otras escuelas, pero dijo “no había de otra”, porque el gobierno no cumplió con las  aulas provisionales para dar clases.

“Nuestra escuela no figuraba entre la lista de las instituciones dañadas por el sismo, tuvimos que ir varias veces a Oaxaca a exigir que nos atendieran, por fortuna en marzo logramos que nos escucharan y apenas este lunes llegaron a demoler las aulas, aún no lo hacen, pero esperemos que esta promesa no quede en palabras sino en hechos, porque nos urge regresar a nuestra escuela”, señaló.

Según el profesor un gran número de estudiantes también perdió sus viviendas igual que varios maestros, por lo que han implementado pláticas donde los niños cuentan y narran sus vivencias como forma de liberar toda tristeza y angustia.

“Ha sido difícil estar en una casa ajena, allá nuestras aulas tenían clima y todo fluía de maravilla, ya estábamos acostumbrados a ir temprano a la escuela y por la tarde estaban los espacios recreativos, ahora todo se ha acomodado de acuerdo con el tiempo vespertino donde el calor de más de 40 grados se ha vuelto insoportable”, dijo.

Por su parte, la directora del plantel, Vicenta Toledo Hernández, señaló que ha sido un reto, una verdadera hazaña remar ante tanta burocracia educativa, debido a que su escuela después de 6 meses fue reconocida por las autoridades como dañada y colapsada.

“Ese retraso en las instituciones nos afectó, porque es la hora en que la escuela apenas y comenzará la reconstrucción, dicen que para agosto, cuando se inicie el ciclo escolar, ya tendremos escuela nueva, no lo sabemos, lo que deseamos es que los trabajos comiencen pronto y se agilicen, los niños ya quieren volver a su antigua casa”, dijo.

Padres y madres de familia reconocieron la labor de las y los maestros y la disposición de dar clases, pues recalcaron que cambiar de turno mueve  todo proceso de vida tanto de sus hijos, maestros como de ellos mismos.

“Hay que estar atento en las tardes para irles a dejar y a traer, la escuela queda en otra dirección, pero estamos contentos porque los maestros aunque con pocas horas de la jornada laboral están cumpliendo con nuestros hijos en impartirles clases de calidad”, concluyeron.