Víctor Leonel Juan Martínez

En 2018, se concentran las elecciones más importantes en lo que va del siglo. En buena medida, porque también habrán de renovarse autoridades en mil 596 municipios, el 65% del total de los existentes en México (2 mil 446). Si consideramos que, además, 419 municipios eligen a sus autoridades por sus sistemas normativos internos, la proporción aumenta. El 79 % de los municipios en México que se rigen por partidos políticos, renovarán autoridades.

Y el municipio es estratégico en la lucha por el poder; es el bastión desde donde se avanza en la conquista por el control regional y luego en la búsqueda de los centros estatales. Es el papel histórico que ha jugado esta institución en México.

El municipio ha sido empleado lo mismo como el primer mecanismo de contención del autoritarismo, que como el primer eslabón en el cual se han dado los avances democráticos. La democracia se ha construido también y, sobre todo, de la periferia al centro, de lo local a lo federal, de las masas a las élites. Es la paradoja, la fortaleza y la debilidad del vapuleado federalismo mexicano.

Las principales batallas democrática se han experimentado en el ámbito local. La lucha por la igualdad de género se dio hace muchos años desde estos espacios locales: En 1923 Rosa Torres se convirtió en la primera mujer Regidora por el municipio de Mérida; en 1938, Aurora Meza fue electa como la primera Presidenta Municipal en Chilpancingo Guerrero. En 1947, se reconoció el derecho de las mujeres a votar y ser votadas, en las elecciones municipales.

En el ámbito municipal inició la disputa al entonces partido hegemónico, el Revolucionario Institucional (PRI). En 1947, el Partido Acción Nacional (PAN) ganaría los primeros ayuntamientos de oposición al PRI: en Quiroga Michoacán y en Huajuapan de León, Oaxaca.

A fines de los 70 y en la década de los 80, la lucha por los ayuntamientos se vuelve una “utopía viable”, como lo calificara Adriana López Monjardín. En 1979, por ejemplo, el Partido Comunista de México obtiene su primera presidencia municipal en Alcozauca, Guerrero.

En Oaxaca se constituyeron entonces fuertes movimientos sociales en contra de los cacicazgos de la época: la Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) en Juchitán; el Frente Único Democrático de Tlacolula (FUDT); el Comité de Defensa de los Intereses del Pueblo (CDIP) de Miahuatlán, entre otros.

En alianza con partidos, fundamentalmente de izquierda (el Partido Mexicano Socialista -PMS, el Partido Socialista Unificado de México –PSUM, fundamentalmente) disputaron con éxito distintos ayuntamientos, pero también motivaron la represión. Pese a ello, la pluralidad política estaba instalada. En 1981, el entonces movimiento regional más importante de México, la COCEI, gana el Ayuntamiento de Juchitán; en 1985 el FUDT lo hace en Tlacolula.

Las elecciones municipales de 1995, cambian la geografía política en Oaxaca que, de ser monocromático, se torna multicolor.

En la actual contienda electoral se presentan dos situaciones inéditas: por primera los comicios locales se efectuarán de manera concurrente con los federales; y la contienda por la presidencia de la república puede arrastrar a los candidatos a presidentes municipales. De hecho, es la apuesta de muchos candidatos, particularmente de MORENA.

Sin embargo, es importante tener presente que es en el ámbito municipal, en donde se han dado votos diferenciados. En Tlacolula y Matías Romero, en los comicios de 2010, el entonces candidato a gobernador por la PAN-PRD-PT-MC, Gabino Cué, arrasó en esos municipios; pero en la contienda por el ayuntamiento ganarían los candidatos del PRI. Y en 2016, en San Dionisio del Mar se efectuó un interesante experimento que conjuntó a todos los partidos políticos en una sola planilla de unidad, si bien esta se rompió una vez que inició el gobierno y hoy está en serio riesgo esa elección.

Es en el espacio municipal, en donde obtuvieron sus primeros triunfos las candidaturas independientes. En la entidad lo hicieron en Reforma de Pineda y Putla Villa de Guerrero.

También en este 2018, por primera vez se permite la reelección de los ediles. Y ya porque han tenido buenos resultados; bien por osadía e interés en continuar en el cargo; o por total desfachatez al tener una mala gestión, pero apostar al uso de recursos públicos y a su maquinaria electoral; un buen número de presidentes municipales buscan repetir en el cargo.

El 1 de julio, en 153 municipios de Oaxaca se elegirán también a sus gobiernos locales. El sentido del voto en estos pueden ser la diferencia entre un buen y un mal gobierno. Apostemos a un voto razonado, crítico y que tome en consideración que votaremos por quien gobernará nuestro entorno más cercano, el lugar en que vivimos.

Hoy, como nunca, toma sentido lo que Alexis de Toqueville señalara hace casi dos siglos en su clásico, La democracia en América: “Entre todas las libertades, la de los municipios, que se instala tan difícilmente, es también la más expuesta a las invasiones del poder. Por tanto, es en el municipio donde reside la fuerza de los pueblos libres. Ahora bien, despojad al municipio de fuerza e independencia, y no encontraréis en él más que administrados, pero no ciudadanos”.

En este 2018, pugnemos por ser ciudadanos.

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