Desde luego que en el hospital el lavado de manos no es la única defensa contra los gérmenes con la que se cuenta, existe lo que se conoce como Elementos de Protección Personal (E.P.P.), que no son otra cosa más que barreras para evitar el contacto directo con potenciales agentes infecciosos y que constan entre otras cosas de: Guantes, mascarillas, batas desechables, caretas especiales y gafas protectoras.

Sin embargo los riesgos de contraer alguna enfermedad no se limitan a la simple exposición a los agentes infecciosos, un aspecto que se debe manejar con mucho cuidado es la utilización de utensilios punzocortantes; agujas y hojas de bisturí, por ejemplo. Pero resulta que aquí no se tiene, al menos no tan enfáticamente. Todo el personal que está en contacto directo con pacientes está expuesto a encontrarse una aguja entre las sábanas de la cama de un paciente, incluso los compañeros de lavandería. Fácilmente se olvidan con la premura de la atención al paciente, sobre todo cuando su condición apremia. En una ocasión en un mismo día supe de un médico interno que se cortó con un bisturí que acababa de ser utilizado en una intervención quirúrgica y de una pasante de enfermería, que se encontraba haciendo su servicio social en el hospital, quien tuvo un incidente que ocurrió así: Como es normal estaba trabajando de cerca con una enfermera que la estaba guiando, esta enfermera acababa de inyectar a un paciente pero estaba platicando distraídamente con otras personas mientras seguía sosteniendo la jeringa, en un momento dado acompañó un comentario que hizo con un movimiento de manos, agitándolas en el aire. Por desgracia justo en ese momento la chica pasante, que estaba de pie justo al lado de la primera, estiró la suya para alcanzar algún objeto colocado al lado del paciente y pues los caminos se cruzaron resultando pinchada. Al parecer este paciente en particular no padecía ninguna enfermedad contagiosa, pero a veces resulta así de fácil contraer alguna infección grave.

Alrededor del mundo es tan alta la ocurrencia de contagios accidentales por pinchazos con agujas contaminadas, principalmente de V.I.H., hepatitis tipo B y C, que la O.M.S. desde hace varios años recomienda implementar medidas que ayuden a contrarrestarla.

En principio han señalado que es incorrecta la percepción muy generalizada que se tiene sobre la mayor efectividad de esta vía de administración de medicamentos y que no es estrictamente necesario hacerlo de esta forma existiendo la opción de la vía oral.  Así que han hecho el llamado a la utilización de alternativas, esto es, la eliminación de inyecciones innecesarias.

Luego se recomienda que si se usa una jeringa con una aguja común, evitar colocar la capucha protectora de la aguja después de utilizarla. Y en caso de no ser posible se tenga especial cuidado al hacerlo, ya que en este momento ocurre el 13 % de los pinchazos accidentales. La maniobra recomendada es colocar dicha capucha en un soporte que permita insertar la aguja y no hacerlo mientras se sostiene en la mano.

Pero la recomendación más importante es adoptar el uso de dispositivos más seguros, las llamadas jeringas de seguridad o inteligentes, para los cuales la O.M.S. ha emitido una guía que contiene las características deseables en ellos y que son las siguientes:

  • Que el dispositivo no tenga aguja.
  • Que el artefacto de seguridad está construido como parte del dispositivo.
  • Que el dispositivo trabaje de manera pasiva (por ejemplo, no requiere de activación para usarse).
  • Que el usuario puede fácilmente saber cuándo el artefacto ha sido activado.
  • Que el artefacto de seguridad no pueda ser desactivado y mantenga su función de protección, aun durante su desecho.
  • Si el dispositivo utiliza agujas, que funcione de manera confiable con cualquier tamaño de agujas.
  • Que el dispositivo sea de uso fácil y práctico.
  • Que el dispositivo sea seguro y efectivo durante su uso con los pacientes.

Actualmente existen alternativas como las jeringas sin aguja con las que el medicamento se inyecta bajo la piel utilizando una fuerte presión ejercida sobre el líquido para romperla. A pesar de lo doloroso que esto suena no es tan espantoso en realidad ya que en primer lugar la aplicación debe ser muy rápida por que el medicamento se mueve casi a la  velocidad del sonido en el aire y el segundo término la boquilla por donde pasa tiene una abertura de una anchura similar a la de la probóscide de un mosquito. Un piquetito nada más.

Otros dispositivos emplean agujas retráctiles en las que la ésta normalmente es parte de la misma jeringa, es decir que no puede separarse de ella y en las que de alguna manera dicha aguja se retrae al interior del cilindro una vez aplicada la inyección.

También existen otros mecanismos como capuchas con una especia de bisagra, o una funda incorporada en la jeringa que se desliza después de la aplicación del medicamento. Lo que permite cubrir la aguja con mayor seguridad.

En forma paralela existen recomendaciones para el momento en que se trabaje con objetos punzocortantes que pueden ser útiles no únicamente en el ámbito hospitalario:

  • No destapar ni desempacar el objeto afilado hasta que sea hora de utilizarlo.
  • Mantener el objeto apuntando lejos de usted y de otras personas en todo momento.
  • No volver a tapar ni doblar un objeto afilado.
  • Mantener los dedos lejos de la punta del objeto.
  • Si el objeto es reutilizable, ponerlo en un recipiente cerrado y seguro después de usarlo.
  • Nunca pasar un objeto afilado a alguien ni ponerlo en una bandeja para que otra persona lo recoja.
  • Anunciar a las personas con quienes se trabaja cuándo planea depositar el objeto o recogerlo.

 

Adrián Lobo.

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