Se dispersan migrantes centroamericanos en el territorio más “caliente” de Oaxaca.

ANTONIO MUNDACA

 

LOMA BONITA, OAXACA.- Son las 7 de la mañana del 4 de noviembre de 2018. El cruce vehicular que conecta los estados de Veracruz y Oaxaca, sobre la carretera federal 145, está repleto de centroamericanos que trepan camiones de redilas, bateas que transportan personas y ganado,  remolques infinitos de los que cuelgan ancianos, mujeres y niños.

Los más jóvenes sentados con heridas en los pies se guarecen del sol que empieza a blanquear la ciudad de Loma Bonita, Oaxaca. Son ríos humanos que corren a la orilla del asfalto, exponen a la Policía Estatal sus torsos desnudos, se sientan en grupos a comer a los pies de las estatuas. Otros juegan con las filosas piedras de basalto que han recogido de las vías. Llenan los autobuses en paraderos de Papaloapan, mientras los experimentados, los que han sido deportados una y otra vez le dicen a los más jóvenes que extrañan la velocidad de los trenes.

Amontonados, esperan su turno para seguir el camino hasta Córdoba, Veracruz, por un territorio interestatal olvidado del mundo y conocido en la región cañera como un hoyo profundo de desaparecidos y fosas.

 

 

Luis y Leslie, laberintos y fantasmas

Frente al anuncio luminoso que avisa el fin de la frontera oaxaqueña, el hondureño Luis Bonilla con su hija Leslie Daniela de 8 años, mira en letras gigantes los nombres de las ciudades violentas de Sayula, Playa Vicente y Tuxtepec. Bajo los anuncios las carreteras le revelan laberintos y fantasmas. En el límite de estos estados del sureste mexicano, han ocurrido solo de manera oficial 300 ejecuciones en los últimos dos años, de acuerdo a expedientes judiciales de corporaciones policiacas.

Leslie Daniela tiene microcefalia y ha viajado al lado de su padre 1554 kilómetros desde su pueblo natal, Juticalpa de Olancho, hasta Loma Bonita. Va sobre una carriola de llantitas roídas, cubierta por un suéter que le regalaron en Chiapas. Su padre reconoce que con ella es más difícil, tiene el sueño de llegar Tijuana y de ahí cruzar a San Diego.

– Si viniera solo, cualquier cosa podría correr, pero con ella no, pero no podía dejarla- dice detenido en la Gasolinera Principal de la ciudad Oaxaqueña donde descansa las manos segadas por los fierros del carruaje, las cubre con pequeñas mantas que va guardando como bultos dentro de la mochila.

-Con los 900 lempiras que ganaba en Honduras no podía pagar ni la leche para la niña. La mamá de ella no la quiere cuidar, porque allá no le pagan bien, y teníamos que llevarla a San Pedro Sula al Hospital (Mario) Catarino Rivas.

Se aparta del grupo, se acerca con los representantes de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Dice que aprendió que con ellos cerca es menos probable lo lastimen a él o a su hija, no sabe qué hará cuando no sean ellos quienes acompañen la caravana o su travesía, mueve la carriola ruidosa sobre la que lleva una bolsa negra con un par de mudas de ropa para su hija con las que enfrentará los vientos del norte geografía arriba. En el cruce fronterizo la segunda esposa de Luis y madrastra de Leslie, Nora Hilda Juárez, decidió regresar a Honduras. Ella fue violada el 20 de julio por un tipo que tenía 7 órdenes de arresto. Fue otro de los motivos que motivaron el éxodo de su familia. Pero tuvieron que separarse al iniciar la travesía.

Luis Bonilla tiene miedo de cruzar la frontera de Oaxaca y Veracruz porque desde que salieron del Istmo, le han dicho que es una zona ‘caliente’. Tiene miedo, pero menos que aquel que dejó en Honduras de donde tuvo que huir porque el pandillero que violó a su esposa amenazó con matarlos después de haber salido de prisión y supieron estaba  conectado con grupos delictivos a los  que él llama “los de los cuerpos tatuados”.

“La convencieron, a mi mujer le dio miedo, su familia la convenció de volver,  estuvimos intentando conseguir papeles para entrar legalmente a México porque habían abusado de mi muchacha pero no se pudo, ella tuvo miedo y se regresó yo no puedo regresar, si regreso me van a encontrar y van a matar a mi hija”.

La zona más peligrosa del Papaloapan

 

Miles de migrantes que integran el éxodo Centroamericano descansaron en Loma Bonita la noche anterior después de atravesar los municipios de Acayucan, Ciudad Isla y Juan Rodríguez Clara en Veracruz. Marcharon sobre una ruta migratoria estratégica conocida en la región como la travesía del transístmico, y que aglutina año con año, un éxodo de centroamericanos provenientes de Chiapas y Tabasco. Son un segundo grupo que se dispersó después de que no recibieron la ayuda humanitaria a través de camiones de transporte que prometió el gobierno veracruzano.

Desde las 4 de la mañana en peregrinación esperan vehículos para abandonar la zona más peligrosa del Papaloapan, reconocida por las autoridades de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, como un ‘foco rojo’ de inseguridad por la disputa territorial del Cartel de Jalisco Nueva Generación con grupos autodenominados afines al Cartel del Golfo.

 

La caza

Están por dar las 12 del día. Se han ido la mayoría de los niños y mujeres centroamericanas de Loma Bonita.   Quedan decenas de hombres curtidos a mazos, corriendo por la carretera desesperados porque no pasan camiones sin carga o espacios para treparse. Quedan pequeños grupos de parejas de adolescentes que no se separan. Las chicas se meten en los brazos de sus novios. Ellos le besan el sudor de las sienes. Les piden los líderes de la caravana que por seguridad se separen; un bloque de mujeres y otro de hombres hasta cruzar el territorio oaxaqueño,  pero no quieren, apenas tienen 14 años. Él no la suelta. Los hombres sudados la cazan.

El ritual de despedida obligada lo interrumpe los avisos a través del Megáfono del guía de Pueblos sin Fronteras y encargado de llevarlos a refugios de Córdoba y Puebla,  Jimmy  Golden.

  • “ Por favor no paren el tráfico, eviten que tengamos algún accidente, sin nosotros no creo que vayan a subir al norte, tenemos Pueblo sin Fronteras en Tijuana, tenemos que irnos en bloque por que Migración los está bajando en el DF si van solos ”.-

Los centroamericanos han podido comer en centros de ayuda improvisada, buscan en montones de ropa mudas para los días de frio que les han dicho que vienen.  Escuchan la voz de los guías y por ratos los rodean como soldados de un ejército moribundo atrapados en medio de un país que vive su propia guerra, su  tragedia íntima, pero a ratos, cuando escuchan el silbido de los otros, el ruido que anuncia un tráiler detenido, corren a llenarlo, revueltos, hombres, mujeres, niños, perros, minusválidos, enfermos, enjutos. Juntos son un músculo en movimiento que parece no temerle a las leyendas de que en esta frontera de Oaxaca y Veracruz, manda el crimen organizado.

El líder con su megáfono les pide no se separen. Insiste, pero son demasiados. Un gafete los identifica como parte de la caravana, es la insignia, que por momentos les hace creer que su incursión para las carreteras más peligrosas de México es una cuenta saldada.

-Son dos bloques nada más, no nos hemos dispersado, hemos viajado de ride, de aventón, porque no cabemos en camiones. Un grupo se quedó en Isla, otro en Loma Bonita, pero nos vamos a juntar en Córdoba y llegaremos juntos a la Ciudad de México- Dice Jimmy, quien se presentó como el cantante que hizo la canción de la caravana migrante 2018. Lo dice pidiéndole al gobierno “autobuses para salir de zonas de peligro”, insistiendo que todos tenemos derecho a cumplir nuestros sueños, aunque la canción símbolo del movimiento diga “ que está manchada de rojo la frontera”.

Sostuvo que ha sido el gobierno de Yunes Linares quien los expuso a la dispersión porque les ofreció 160 autobuses y se arrepintió diciendo que no había agua en México. Jimmy sabe que es algo político y se lo dice a sus compañeros que se diseminan por la carretera federal 145.

Desde el altavoz les pide que no se vayan por las rutas peligrosas de las vías del ferrocarril, que no caminen en carretera solos para no convertirse en morteros. La unidad, el gentío, la voluntad del grupo que había sido su fortaleza en este tramo de un país extraño se va rompiendo.

 

-¿Jimmy, en Córdoba quién los espera?- La comunidad, la ayuda de la iglesia, la Cruz Roja- Dice Jimmy, que vuelve con la pareja de novios que insiste en viajar juntos y no entienden otra forma de llegar a cumplir el sueño americano. Juntos. Porque a ella sus hermanos centroamericanos y la migra, la cazan.