Adrián Lobo | Segunda Parte

Por otra parte dentro de los aspectos a evaluar en la certificación del hospital tenemos la situación del personal. Ya mucho se ha dicho sobre la falta del mismo así que no abundaré más en la cantidad sino que me enfocaré más en la calidad. En cuanto a los médicos no creo que haya mayores problemas, el hospital busca contar con especialistas que vengan a colaborar y ayuden a posicionarse mejor de cara a los procesos de certificación, contamos con una anestesióloga pediatra (de los 10 especialistas en esta área que hay en Oaxaca), aunque quizá sea necesario al menos uno más. Hay dos especialistas en cuidados intensivos y seguramente también se necesitan más. Hace un par de años se contrató a un especialista creo que en temas relacionados con la atención oncológica que trajeron del norte del país, si no mal recuerdo.

Hace poco también se hicieron gestiones para traer a colaborar en el hospital a una persona especializada en terapia respiratoria o en oxigenoterapia, no estoy seguro. Lo que sí es seguro es que se trataba de una persona que contaba con un currículum bastante abultado, sus credenciales eran impresionantes por decir lo menos, tanto que alguien podría preguntarse por qué razón podría desear alguien que contara con ellas venir a trabajar a nuestro humilde hospital civil. Pero sí había interés de su parte, quiero pensar que quizá a su modo de ver se le planteaba un reto personal y profesional por demás atractivo. Por desgracia no era el único interés involucrado. Resulta que obviamente la llegada de un profesional así implicaría desplazar al personal existente, reacomodar el organigrama, despojar a ciertas personas de un poder del que se han estado aprovechado en beneficio personal, de modo que desde dentro hubo una fuerte oposición y chantajes para detener y frustrar su llegada al hospital, lo cual por desgracia lograron en perjuicio no sólo de aquella persona sino en último grado de la población usuaria. Lamentable por todas partes, ¿cuánto poder puede tener un empleado que ni siquiera es directivo para someter a los dirigentes del hospital y de dónde proviene éste? ¿Se basaba o se basa este poder en una agenda de contactos con proveedores? Siendo ese el caso no creo que sea tan difícil conseguir esos datos, hacer una llamada y decir: “Oigan, tal persona ya no estará encargada de estos asuntos, ahora hay otra persona al frente, ¿podemos seguir colaborando?” Y si la respuesta es negativa basta con buscar otro, aunque seguramente no sería necesario, tratándose de empresas la única lealtad es con su ganancia, ya lo sabemos.

Muchas de las enfermeras que trabajan en el H.G.D.A.V. estudiaron enfermería cuando el sistema educativo era diferente, no existía la licenciatura y era algo así como una carrera técnica. Hay entonces una mezcla de generaciones, las que son licenciadas en enfermería y las que no lo son. Se ha emprendido entonces un proceso de “profesionalización”. Se les exhorta a estas enfermeras, con un leve toque de apremio, a cursar una “nivelación” para obtener el título. Sin embargo no se les facilitan mucho las cosas, como por ejemplo otorgando apoyos económicos para cubrir el costo de las mensualidades o con los horarios. También se han estado dando cursos y se presiona para que presenten los documentos comprobatorios de su asistencia, aunque igualmente no hay muchas facilidades para poder asistir a esos cursos.

Algo más interesante me ha resultado por ejemplo la convocatoria que se hizo para que todo el personal del hospital asistiera a un curso sobre “Interculturalidad”, que otorga una certificación personal, que se tiene que revalidar cada dos años me parece. Al parecer la totalidad del personal, o quizá un porcentaje mayoritario por lo menos, debe estar certificado en esta materia como requisito para que el hospital pueda acceder a la suya. Sin embargo pude constatar que la asistencia no fue del 100% y lamentablemente una gran parte de aquellos que asistieron no aprobaron el curso. Afortunadamente el destino del hospital en el camino de certificarse no dependía únicamente de este aspecto, porque de ser así… bueno, tampoco lo hubiéramos logrado. El temario fue bastante interesante, se habló de asuntos como discriminación, medicina alternativa y cosmovisión, tolerancia y respeto. Son asuntos en los que nos hace falta mucho avanzar. Algo que me causa disgusto en lo personal y que por desgracia es frecuente que suceda en el hospital es la exhibición de prejuicios. Hemos recibido pacientes acuchillados o baleados y es típico que médicos o personal de enfermería comenten con ironía que seguramente aquello no les ocurrió por ser precisamente buenas personas. Como si el papel de ellos fuera el de jueces o como si fueran todos unos santos. Muchas personas tienen tatuajes, incluso he visto enfermeras que tienen por lo menos uno, ¿eso los hace criminales peligrosos? Si te gusta vestir de cierta manera, ¿ya eres un delincuente? Ah, pero eso sí, mucho cuidado con decir que alguien puede tener responsabilidad penal si por desgracia un paciente fallece mientras está recibiendo atención médica, porque entonces sí se arma un gran escándalo. No estoy diciendo que no pueda ser cierto lo que insinúan, lo que digo es que ese es un comentario fuera de lugar, completamente en disonancia con el código de ética por el que deben regirse y es una situación que podría en un momento dado influir negativamente en la atención prestada. Ahora bien, de hecho en una ocasión presencié algo bastante curioso en un servicio que me hizo sentir bastante incómodo. Resulta que por una extraña coincidencia se encontraron ahí en ese servicio, en camas contiguas, tres tipos que se reconocieron mutuamente como colegas que se habían conocido nada menos que en presidio. Al parecer tenían ya una importante trayectoria recorrida en actividades fuera de la ley y como si se tratara de lo más normal empezaron a platicar entre ellos de “trabajos” que habían hecho, recordaron a colegas que ya habían fallecido en el ejercicio de su actividad y otros que continuaban en prisión, fue más o menos como sigue:

  • Estuviste en el penal de Caravas, ¿no?
  • Sí, ahí, en el del Marqués. ¿Tú ahí estabas?
  • Sí, me acuerdo que te vi varias veces…
  • ¿Conociste a Fulano de Tal, que trabajaba en la costa?
  • ¿Uno al que le decían “El rambo”?
  • Ese mero. Ya murió, hace un año.
  • ¿A poco? ¿Y su socio, “El coco”?
  • Está en el penal, pero ya mero sale. Dicen que va a ir a buscar a “El chango”, para cobrarle algunas cuentas pendientes.
  • Yo supe que ya se peló, porque no es el único que lo busca.

De no ser porque ellos mismos estuvieron hablando de lo que hacían quizá nadie se habría enterado de quiénes eran, no había nada en su apariencia que lo evidenciara, no estaban ahí por haber sido apuñalados o baleados o golpeados y su comportamiento con el personal fue bastante normal, no se comportaron en forma agresiva ni grosera, incluso se veían bastante inofensivos.

Por cierto que en ese curso del que hablé antes me enteré que en el papel el hospital tiene asignados dos intérpretes de lenguas autóctonas, mismos que nadie en el hospital conoce ni ha visto nunca. Al parecer ahora va a resultar que Juanito Díaz Pimentel tenía razón y la nómina está inflada por la inclusión de aviadores en ella. Sin embargo lo que tenía que hacer era depurarla y no culpar a quienes sí trabajamos y anunciar que nos iba a correr a todos los eventuales. Y así como esa hay más situaciones, en el papel nuestro hospital civil tiene muchas cosas que jamás han existido. Es algo surrealista, según documentos oficiales que tienen las autoridades de salud federales este hospital es muy distinto de como es físicamente. ¿Cómo ha sido posible? Pues es de suponer que al más puro estilo de SEDESOL y SEDATU en la estafa maestra, se gestionaron obras que jamás se realizaron y sin embargo el recurso económico sí desapareció y luego de alguna manera se hicieron las comprobaciones necesarias. En verdad que enterarse de todos estos manejos inescrupulosos y criminales es escalofriante.

Adrián Lobo.

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