CALAKMUL, CAMPECHE.- Las personas que acudieron a votar en Xpujil, la cabecera municipal, tienen esperanza de que las cosas cambien. Muchos son gente humilde y coinciden en que es la primera vez que su palabra es tomada en cuenta. Sin embargo, también lamentan que la mayoría de los pueblos no tenga acceso a información detallada sobre las posibles afectaciones que pudiera ocasionar el Tren Maya.

Hasta el momento, dicen, no ha llegado ningún funcionario para explicarles el proyecto. Solo saben lo que se dice en los medios de comunicación y en redes sociales, pero la mayoría desconoce el tema y ni siquiera pudo venir a votar.

Javier Molina, por ejemplo, de la localidad de Mancolona, tuvo que pagar 100 pesos de transporte para viajar más de 43 kilómetros y poder votar. Votó a favor de los proyectos, pero se mantiene escéptico.

“Pienso que es muy importante saber a fondo sobre el tren maya: ¿en qué forma se va a traer? ¿Cuánto va a costar el pasaje y si será accesible para todos? ¿Cómo es y dónde pasará? Muchos no lo sabemos”, dice.

Salvador Gómez, de Xpujil, piensa que es importante que los interesados en llevar a cabo este proyecto informen a la población de las 82 comunidades del municipio para que todos los pobladores sepan orientar el sentido de su voto.

“¿Qué beneficios vamos a tener? ¿Qué trabajo nos va a tocar a nosotros como indígenas, como campesinos? Eso es lo que nos hace falta a nosotros, saber. Estamos para apoyar, estamos para responder como ciudadanos y como mexicanos, pero nos tienen que tomar en cuenta”.

Calakmul es uno de los 11 municipios de Campeche y el de más reciente creación: se creó por decreto el 31 de diciembre de 1996, separándolo de Hopelchén. Tiene una población de 26 mil habitantes que viven con un índice de marginación alto, según la definición del Consejo Nacional de Población.

Colinda con Guatemala. En su territorio se localiza uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la cultura maya y un bosque natural tropical incluido en el Área Natural Protegida de la Reserva de la Biosfera de Calakmul. En 2002, la UNESCO inscribió la zona arqueológica como patrimonio cultural de la humanidad, y en 2013 México propuso la ampliación de la superficie protegida y de la nominación a “Bien Mixto” (cultural y ambiental).

De acuerdo con el estudio Elementos de Evaluación Ambiental Estratégica para el Proyecto Tren Maya; estudio de caso para las Áreas Naturales Protegidas de Calakmul y Balam-kú, elaborado por Jorge Benítez y Shelley M. Alexander, la afectación al patrimonio es inevitable, aunque puede haber elementos de mitigación y es una obra de infraestructura menos dañina que otras.

Pero la conservación no está en las prioridades de todos los pobladores. Refugio Ascensión Olarte, comisario ejidal de Conhuas, una comunidad ubicada a pocos kilómetros de la reserva, cuenta que el “boom del desarrollo” ha detonado la compra-venta de tierras en su ejido, pues ante la precariedad económica y falta de opciones de trabajo algunos ejidatarios han cedido sus derechos ejidales a empresarios o han vendidos sus tierras en alguna emergencia.

“Aquí tenemos un hospital de lujo, pero no hay medicamento”, lamenta. “Es tierra comunal, pero cada ejidatario tiene derecho a cierto número de hectáreas y unos 20 ejidatarios han vendido un porcentaje de 170 hectáreas, cada uno, en los últimos 10 años”.

Lo malo, dice Santos García Osorio, también de Conhuas, es que la gente que ha aceptado vender se queda en total pobreza. “Aquí trabajamos la apicultura y algunos se han formado como guías de turistas y nos va bien”, cuenta.

El alcalde de Calakmul, Luis Mora Hernández, quien marcó un “Sí” en toda su boleta, jura que los proyectos federales serán arropados, siempre y cuando se cumplan como se están promoviendo. Es decir, con beneficios para los pueblos.

El edil dice que la gente está deseosa de ser tomada en cuenta y que en el municipio están organizados para analizar este proyecto y que se pida la opinión a la gran mayoría de los habitantes:

“Que los verdaderos dueños de Calakmul sean tomados en cuenta”, insiste. “Nuestro municipio tiene 43 comunidades que son 100 por ciento indígenas y tienen una lengua materna diferente al español. Vale la pena que con su mismo idioma expliquen y platiquen, pues que hasta el momento no han sido tomados en cuenta, y entiendan el sentido de todos y cada uno de esos programas”, plantea.

Mora acepta que le preocupa la sobrecarga de turismo de la reserva de la biosfera de Calakmul, pero sostiene que en la zona se seguirá ofreciendo un turismo de calidad no de cantidad: “No vamos a permitir que nuestro municipio se desgaste”.

La desconfianza de Yucatán

En la península de Yucatán tienen motivos para desconfiar. En los últimos años han sufrido el embate del “megadesarrollo”: ingreso de transgénicos como parte de un modelo agroindustrial; parques eólicos y solares impuestos; granjas porcícolas junto a cenotes y una cervecera que se lleva el agua. Muchos se han visto inmerso en consultas indígenas fallidas como lo es en el caso de Hopelchén (Campeche) o consultas legítimas que son ignoradas, como en Homún (Yucatán), donde las autoridades han jugado en contra de la población y los proyectos continúan operando a pesar mandatos judiciales en contra.

Tampoco ayuda que sean los militantes de Morena quienes lleven la batuta de la organización de la Consulta Nacional sobre los 10 programas prioritarios. Quizá eso sea que en el estado de Yucatán se registró la mayor cantidad de votos anulados: casi el 10 por ciento, en todas las preguntas.

Mauricio Macosay, por ejemplo, piensa que es muy grave la entrega de las riquezas naturales en pos de un proyecto de desarrollo. Él es maestro en la Universidad de Chapingo y activista social. Acudió a votar junto con su esposa y defiende su voto en contra porque no es lo mismo una encuesta ciudadana que una consulta indígena.

“Debe consultarse a las comunidades y construir con y desde las comunidades los verdaderos proyectos de desarrollo que lleven al bienestar de la gente, eso no pasa por la lógica del capital”, dice. “El tren maya lo que busca es facilitar la entrega de recursos naturales; no me opongo a un tren, me opongo a este tren como lo están planteando”.

El biólogo Ricardo Pasos también votó en contra, por una previsión: “Existe el riesgo de que el proyecto apoye a las grandes inversiones y a los destinos turísticos que están identificados en la península de Yucatán y no se están dando prioridad a nuevas estrategias que sean incluyentes con las comunidades rurales”.

Sin embargo, a la mayoría de los que acudieron a votar los mueve la esperanza de que las cosas cambien. Como la enfermera María Lina González Guerrero, quien marcó “Sí” en toda la boleta. Ella está convencida de que el gobierno entrante tiene calculado todo: “ojalá que sea a la gente de los pueblos de Yucatán a la que se le de trabajo, siempre y cuando no destruyan las zonas ecológicas”.

“Nadie nos preguntó como debe ser”

En Chiapas, la consulta no llegó a los pueblos comunidades y ejidos que impactarán los proyectos. De las 79 casillas que se instalaron en el estado, solo una estuvo en el municipio Palenque, y en la cabecera municipal, lejos de los lugares por los que transitaría el Tren Maya – en caso de concretarse- en sus 45 kilómetros de recorrido.

Las comunidades zapatistas se declararon abiertamente en contra de los proyectos propuestos y durante el fin de semana, indígenas que forman el Movimiento en Defensa de la Tierra y el Territorio se reunieron para analizar los proyectos del Tren Maya, el tren del Istmo de Tehuantepec, la militarización de la seguridad pública y la iniciativa de ley en materia agraria.

Concluyeron que ninguno fue llevado a consulta con las personas a las que les afectará directamente, porque para que esto se hubiera llevado a cabo, los impulsores debieron haber acudido a las asambleas de las comunidades, donde se reúnen todos los pobladores -hombres, mujeres y niños-, y donde luego de analizar las acciones que les afectan, en conjunto toman decisiones.

Pero eso no sucedió. La consulta se focalizó en las ciudades. Y no respetó tratados y convenios en materia de derechos humanos, como el Convenio 169 de la OIT, que establece que la consulta a los pueblos originarios debe ser previa e informada.

“Antes de que realizan el proyecto nadie nos preguntó nuestra opinión, no conocimos los estudios de impacto ambiental, y mucho menos los supuestos beneficios que traerá a la nación”, dijeron.

Para muchos indígenas habitantes de las regiones donde se tienen proyectados estos programas, las acciones que está realizando el nuevo gobierno pretenden dar continuidad al modelo de desarrollo basado en la mercantilización de la tierra, por lo que exigieron a los diferentes niveles de gobierno que les garanticen su derecho a la tierra y a la participación en la toma de decisiones, “sin mediaciones y sin violencia”.

Para ellos, el Tren Maya, el Tren del Istmo de Tehuantepec y el proyecto de plantación de árboles “transgreden nuestra cultura ancestral, nuestros sitios sagrados, manantiales, la biodiversidad milenaria y la cosmovisión que tenemos sobre la tierra y el territorio, como pueblos nativos de México”.

Pero no todos los chiapanecos se oponen. A pesar de la movilización de grupos indígenas que se oponen a los proyectos, Chiapas fue uno de los estados que más participación tuvo en la consulta, con 50 mil 918 votos. Y en el caso del Tren Maya, la opción por el Sí fue de 92 por ciento, tres puntos porcentuales arriba de la media nacional.

Nota completa: https://piedepagina.mx/instantaneas-de-la-consulta-en-el-sureste-de-mexico.php

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