La vida triqui entre las tradiciones y la "gran ciudad".

Periodistas de a Pie / Texto y fotos: Arizbet Cervantes

CIUDAD DE MÉXICO.- Son las ocho de la mañana en la comunidad triqui de Candelaria y la familia Sánchez Gutiérrez se prepara para la boda de Lupita, de 21 años de edad.

A la calle Juan de la Granja, donde vive la comunidad, llegan los invitados, que también ayudan en los preparativos: acomodan sillas, pican hielo, bajan refrescos. El previo de la fiesta es también un ritual de convivencia: los padrinos reparten cerveza y mezcal en jarritos de barro, mientras el caldo de res rojo que servirán de almuerzo hierve al fuego.

Los músicos de la Banda de viento triqui afinan trompeta, trombón y tuba. Son ellos quienes anuncian la llegada de Isaac Salomón, el novio de 21 años, vestido con pantalón de mezclilla, playera y tenis, quien se suma a los preparativos. Afuera, en la calle de Juan de la Granja, las mujeres con sus huipiles rojos ya comienzan a bailar.

Floreciente de lo cotidiano

Lupita, mientras tanto, permanece en su casa. Como es costumbre en cualquier boda, ella no se dejará ver hasta que comience la ceremonia. Pero en este caso, en la tradición triqui, el novio no la ha visto desde hace un mes.

Tres horas después de que comenzaron los preparativos, a las 11 de la mañana, Isaac, que vende juguetes de madera para mantenerse, sube al departamento donde vive y aguarda Lupita, acompañado de la mamá de ella, quien le tomará la mano para llevarla a la calle donde los invitados ya beben y bailan.

Después de tres años de novios, seis meses desde que pidió su mano y un mes desde que no se reúnen, los novios por fin se miran. Alrededor de ellos suena la música y los aplausos. Ellos sonríen, pero a cierta distancia. En la calle, frente a todos, Lupita e Isaac son vestidos con los trajes típicos de la comunidad triqui. A Lupita la viste la familia de Isaac y a Isaac la familia de Lupita. Le ponen tres pantalones y nueve camisas, le calzan zapatos nuevos y lo coronan con sombrero con paliacates de colores cargados de bendiciones. A Lupita le ponen nahua, fajilla y recibe tres huipiles colocados que le dan la bienvenida a su otra familia reconociéndola como integrante muy querida. El recibir más de un huipil representa la aceptación de la familia, las peinetas floreadas, listones de colores y collares que trae Lupita son símbolo de bendiciones para la nueva etapa que comienza a vivir.

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