Texto: Pedro Matías.

OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- Oaxaca ocupa el tercer lugar en embarazo en niñas y adolescentes y jóvenes, así como el octavo lugar en muerte materna; se resaltó en el Foro que realizó el Grupo de estudios sobre la mujer Rosario Castellanos (GESMujer).

En el Foro “Promoviendo los derechos sexuales y reproductivos de niñas, niños y adolescentes”, se hizo hincapié que, en el mundo, la muerte materna es la segunda causa de muerte entre las adolescentes de 15 a 19 años de edad y Oaxaca es uno de los estados del país que reporta las tasas más elevadas de embarazos en adolescentes y jóvenes.

Según la Encuesta Nacional de Salud y Derechos de las Mujeres Indígenas, el 68.5 por ciento de las jóvenes indígenas de Oaxaca se casan entre los 9 y los 19 años, en tanto que el 26 por ciento se casan a los 15 años o menos; cuando la edad promedio para el matrimonio en la población mexicana es de 21.8 años, según cifras de 2013.

Detalló que con la finalidad de incidir en esta problemática y con recursos del programa Proequidad, este jueves 14 de noviembre se realizó el Foro, el cual forma parte del proyecto “Fortalecimiento del Desarrollo Humano, Proyecto de Vida y Prevención del embarazo entre personas de 10 a 19 años”.

Entre los temas que se abordaron sobresalen las costumbres sociales y culturales de comunidades que promueven una edad más joven para casarse y para la maternidad, así como la prevalencia del machismo, las inequidades de género y la presencia de la violencia en la vida de las mujeres, aunque desde una perspectiva de género un enfoque intercultural y una visión de inclusión de los hombres desde las nuevas masculinidades lo que permitirá visibilizar la problemática y las alternativas de intervención de una manera integral.

Además, se mencionó que de acuerdo al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), sólo el 28.3 por ciento de las y los adolescentes sexualmente activos respondieron que estaban usando algún tipo de método anticonceptivo, y el 44 por ciento informaron que no usaban ningún método. 55 por ciento de los adolescentes de Oaxaca informaron que no usaron condón durante su primer encuentro sexual.

En las mesas de trabajo se tocaron temas para identificar las barreras de acceso culturales, económicas, geográficas e institucionales que obstaculizan el ejercicio pleno de los derechos de niñas, niños y adolescentes, con énfasis en sus derechos sexuales y reproductivos, con el propósito de generar propuestas de estrategias coordinadas que favorezcan el Desarrollo Humano, el diseño de un Proyecto de Vida y la Prevención del embarazo entre personas de 10 a 19 años.

En la inauguración manifestaron que “todo embarazo en una niña o adolescente debe verse como violencia sexual y las autoridades asumir su responsabilidad de garantizar la interrupción legal en vez de revictimizar y naturalizar una maternidad temprana que vulnera una gama de derechos”.

Durante el foro, la presidenta de GESMujer, Angélica Ayala Ortiz, hizo saber la importancia de invertir en la prevención de embarazos en la infancia o adolescencia, una inversión estratégica que debería estar orientada al desarrollo de las capacidades de esta población a fin de que contribuyan a la consolidación de una sociedad en la que tienen derecho de participar en igualdad de condiciones.

Mencionó que medidas como la entrega de becas para que adolescentes embarazadas o madres jóvenes concluyan su educación básica, son acciones prácticas, sin embargo se requieren unas que sean estratégicas e integrales para que incidan en la transformación de las condiciones de desigualdad y pobreza, donde la maternidad es el único rol de una mujer, sobre todo en comunidades donde se valora y se alientan las uniones y maternidades tempranas cuando es una grave violación a los derechos de las niñas y adolescentes.

A su vez, la investigadora Lina Rosa Berrio reflexionó que diversidad no es sinónimo de desigualdad, además de que urgió a fortalecer el espacio de lo comunitario porque ahí hay mujeres que luchan por los derechos de otras mujeres y para que puedan tomar sus propias decisiones, “ese trabajo necesita respaldo”.

Pidió dejar de considerar que por ser indígenas las personas son pobres y advirtió que cada que una niña o adolescente llega con su madre a una unidad de salud con un embarazo en curso, el personal médico deben informarle que tiene derecho a la interrupción legal porque seguramente no saben que es una situación de violencia.

Hay responsabilidades institucionales, si no se les oferta la interrupción legal del embarazo estamos violando derechos por omisión”, insistió.

En ese sentido, la psicóloga social y maestra en educación sexual Aurea Ceja Albanes expuso que cuando hay una diferencia importante de edad entre el padre de la hija o hijo de una niña o adolescente está clara la presunción de violencia.

Todo embarazo en la adolescencia y la infancia tendría que estar acompañada de la presunción de violencia sexual porque el planteamiento fundamental es sí las niñas menores de 14 años pueden dar su consentimiento pleno para tener relaciones sexuales”, ya que las cifras indican que seis de cada diez madres menores de 14 años fueron embarazadas por hombres adultos, de entre 19 hasta 78 años.

Sobre la implementación de la interrupción legal del embarazo a raíz de la reforma aprobada el pasado 25 de septiembre, el director de Prevención y Promoción de la Salud de los Servicios de Salud de Oaxaca, José Ramón Pintor Sill, admitió que se debe seguir capacitando y sensibilizando al personal para que sepan que no se deben poner barreras.

Se está trabajando sobre la posibilidad de crear una unidad médica especializada para la atención legal del embarazo”, adelantó.

Y el psicólogo Esteban Schmith Bello expuso que muchos de los embarazos adolescentes tienen que ver con relaciones de poder y de cómo construyen la sexualidad “incontrolable” los hombres.

Lamentó que para las autoridades no sea prioridad trabajar con ellos, a pesar de que son los responsables de la violencia y pueden ser también quienes la frenen, dadas las implicaciones que tienen para los embarazos forzados en la etapa de la adolescencia.