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Hospital incurable | Orden y progreso
Por Adrián Lobo
19 de octubre, 2020
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Hospital incurable | opinión de Adrián Lobo Hospital incurable | Hospital incurable

Siempre he sentido una gran admiración por las culturas orientales, particularmente la china y la japonesa. 

Las artes marciales (saludos a mi Maestro Teófilo y a mi alguna vez condiscípulo, aunque haya sido por un periodo muy breve, el Maestro Germán, ¡ossss!), la filosofía zen, el tigre agachado, el dragón escondido y todo eso. 

Creo que son muchas las enseñanzas que podemos tomar de dichas culturas. 

Una que ha sido adoptada en el medio empresarial es el llamado “Método Kaizen”, también conocido como “Las 5 S”. 

En resumen se trata de aplicar cinco criterios al centro de trabajo, aunque también es posible implementarlo en el hogar, es como un protocolo (la palabrita, por cierto, le encanta a los expertos en salud) que facilita la consecución de los objetivos que se planteen. 

El nombre de “5 S” se debe a que el método se basa en 5 palabras  en japonés que empiezan con dicha letra y que consiste, grosso modo, en la aplicación de lo siguiente:

Seiri (Clasificación). Consiste en separar del espacio del trabajo lo que sea inútil. Como regla general todo aquello que no se ha utilizado en el último año se desecha.

Seiton (Orden). Lo que se conserva en base a su utilidad, se clasifica en base a la frecuencia de uso, lo más utilizado debe estar siempre al alcance, lo que se usa sólo una vez en el día debe mantenerse cerca, si se usa una vez a la semana un poco más allá y finalmente, en algún rincón o almacén lo que se usa menos y así. 

Seiso (Limpieza). Junto con el orden facilita la inspección, y no solo se trata de quitar la mugre sino de arreglar aquello que haga falta. Así se logra un mejor ambiente de trabajo.

Seiketzu (Estandarización). El objetivo es prevenir la suciedad y el desorden estableciendo normas y procedimientos.

Shitzuke (Disciplina). El respeto a los puntos anteriores, a las reglas, acuerdos y compromisos con el objetivo de seguir mejorando.

Pues bien, en los todavía S.S.O parece que por fin nos estamos encaminando a algo parecido, si no por amor por fuerza.

Ya sabemos que el INSABI viene con todo y en adelante estará a cargo de la revisión nada menos que la Auditoría Superior de la Federación. 

Cualquier incumplimiento, ya sea por desidia, desconocimiento o incapacidad enfrentaría en adelante las sanciones correspondientes. 

De modo y manera que la primera quincena de este octubre se han girado básicamente dos instrucciones en sendos comunicados.

Primeramente para que se imponga el orden y limpieza. 

Uno de los principales problemas es con el personal, sus asignaciones y ubicaciones.

Es común que un trabajador clasificado de cierta manera esté dedicado a funciones totalmente diferentes a lo que corresponde en realidad.

O que se encuentre adscrito a un centro de trabajo diferente al que en realidad debería estar o, peor aún, que se encuentre en ambas situaciones. 

¿Cómo ha sido posible? 

Pues por la falta de disciplina institucional, de apego a las normas y procedimientos establecidos, a la improvisación.

Pero sobre todo a la falta de supervisión y nula aplicación de los correctivos correspondientes. 

Así es que lo que se pide es que en adelante cada quien esté donde debe estar y haciendo lo que debe hacer.

Como siempre debió haber sido, ¿no es cierto? 

Y bueno, ahora a cargo de todo eso, según se indicó, debe estar un Comité Interno para la Reingeniería de los Recursos Humanos en Salud.

Idealmente nunca debió existir ni ser necesario, “…pero, ¡qué necesidad…” como diría Juan Gabriel. En fin, la incompetencia. 

Lo importante es que se haga realmente. 

En ese sentido fue la segunda indicación, que no fue otra sino: “Pero, por favor, hagánlo, en serio”, aunque no con esas palabras.

En realidad se refirieron a eso como “hacer eficiente y optimizar la aplicación de recursos”, trabajar, pues. 

De lo contrario, aténganse a las consecuencias en los términos de las leyes aplicables con la intervención de los órganos correspondientes según los artículos tales, tales y tales de los reglamentos tales de los S.S.O. O sea, es en serio, camaradas.

Cuando leí esos comunicados me acordé de las dos reglas del karate que le enseña Mr Miyagi a Daniel San en la película “Karate kid II”.

Relataré la escena según la recuerdo, espero no ser víctima del “Efecto Mandela”:

Están en Okinawa, en la casa del padre de Mr. Miyagi a quien Daniel San encuentra una mañana practicando en el dojo familiar.

Resulta ser un lugar muy bonito y agrada mucho a Daniel que observa por ahí una especie de banderolas o estandartes colgando de las paredes y que tienen algo escrito en japonés.

Lo que, naturalmente despierta su curiosidad y pregunta entonces: ¿qué es lo que ahí dice. Mr. Miyagi? 

Como siempre, está presto a la instrucción de su alumno.

— ¡Ah, Daniel San! Son las dos reglas del karate…

— ¡Vaya! ¿Y cuáles son, qué dice? 

Miyagi lo toma del brazo y lo conduce hacia el lado izquierdo del frente del dojo hasta el primer estandarte.

Una vez ahí le dice acompañando sus palabras con un movimiento de arriba a bajo de su mano izquierda, que fluye de la misma manera en que se lee la escritura japonesa:

—Primera regla: Karate sólo para defensa.

Vuelve a tomarlo del brazo y lo lleva al lado opuesto, hasta el otro estandarte y prosigue repitiendo el movimiento de la mano. 

—Segunda regla: Primero aprende la primera regla. 

Y Daniel San se queda con cara de “Aquí vamos otra vez”, mientras Miyagi ríe divertido.

Así es que, por algo se empieza.

Esperemos que salga todo bien, como en la película, que aunque el protagonista pasó por una pelea sangrienta al final tuvo su final feliz.

Así es que, sobre todo, espero que funcione, que se ponga por fin todo en orden, porque sin el no hay progreso.

Adrián Lobo.

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