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A un año de la pandemia, 82 municipios de Oaxaca sin Covid-19
Por Pedro Matías
08 de marzo, 2021
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  • Pueblos indígenas aplican alarma ante tragedias. |Por instinto de conservación tomaron medidas drásticas “antes que morir en el camino”.
  • Ante la precaria infraestructura de Salud optaron por “pecar de exagerado”.

OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- No estamos en guerra pero no se puede entrar al pueblo ni convivir con la familia; no estamos en la cárcel pero se le impedía entrar o salir a su gente; estábamos juntos pero no podíamos rebasar esa línea virtual para no contagiar al pueblo porque el hospital más próximo está a tres horas y el virus existente ha enlutado miles de hogares.

¡A ver, a ver! ¿Cómo está eso de que no quieres usar cubrebocas y poner en riesgo al pueblo? ¿Cuándo se ha visto que alguien prefiera traer la muerte a la comunidad?, entonces, más vale pecar de exagerado que morir en el camino.

“¡Eso sí! Se comentó en la asamblea comunitaria de Talea de Castro donde se decidió poner retenes o filtros sanitarios, imponer multas a quienes violen el acuerdo, restringir permisos e impedir la visita de su gente radicada en la capital de Oaxaca, la Ciudad de México o en Estados Unidos.

Talea de Castro es un pueblo indígena zapoteco que se encuentra asentado en la Sierra de Juárez y es uno de los 102 municipios del país que se mantiene libre de contagios de covid-19, de los cuales 82 se encuentran en el estado de Oaxaca.

Y aunque siempre hay algunos “rebeldes” que no creen en la pandemia, “con las multas ya no digo si no andan con su cubrebocas o se encierran antes de las nueve de la noche”, comentó doña Elia Martínez, quien a sus 76 años de edad, “esto (de la pandemia) nunca lo había yo vivido o visto”.

A un año de pandemia por Covid-19 que ha asolado al país y ha roto familias enteras, doña Elia, en entrevista telefónica porque no se permite visitar la comunidad, confiesa:

“Aquí todavía no hay Covid ¡Gracias a Dios! El miedo sí está latente y constante. El año pasado estaba más guardada pero ya no podía estar más encerrada y este año empecé a salir, a ir al terrenito (campo) y hacer algo como sembrar verdura o maíz, así pues, para entretenerse. Y como hay hierba, me puse a rozar la maleza con el machete”.

Doña Elia prefiere estar en su comunidad que en la capital donde se encuentran sus hijos. Llegó al grado de ocultarles un malestar que le aquejaba con tal de no ir a la ciudad:

“En diciembre me sentía mal pero no le decía nada a mis hijos porque me iban a decir: vente para acá, pero como no mejoraba, la autoridad dijo que si era por salud me daban permiso tres o cuatro días par ir al médico. Luego, luego regresé porque aquí estoy a gusto y no en la ciudad”.

Fue a través del aparato de sonido de la comunidad como “nos enteramos de esta enfermedad y porque la autoridad empezó a prohibir que saliéramos y recomendar que nos quedáramos en casa, pero muchos no entendían, salían, iban y venían y gracias al filtro que está, eso nos ha ayudado bastante”.

Su hijo Josué Villanueva Martínez narró que en junio del año pasado fue a ver a su madre, doña Elia, y como no los dejaban pasar al pueblo, se vieron en el retén –ubicado a unos cinco kilómetros del centro de la población-.

Talea de Castro se encuentra a seis horas de la ciudad de Oaxaca, viajando en autobús y a unas cuatro en vehículo particular. El pueblo tiene aproximadamente mil 500 habitantes. Josué tuvo suerte porque todavía pudo llegar a la entrada de esa comunidad zapoteca, antes de que la población de Ixtlán de Juárez también decidiera cerrar sus caminos para evitar los contagios. Ahora ya no se puede pasar.

Salimos a las seis de la mañana y llegamos a eso de las 10. Ahí estaba mi mamá esperándonos. Preparó tacos de chintextle –chile molido con semilla de calabaza- untada en tortillas de maíz recién bajadas del comal y se le agrega quesillo o queso. En la cajuela del coche acomodamos y desayunamos también memelas y tamales.

No estamos en guerra pero no se puede entrar al pueblo ni convivir con la familia; no estamos en la cárcel pero se le impedía entrar o salir a su gente; estábamos juntos pero no podíamos rebasar esa línea virtual para no contagiar al pueblo porque el hospital más próximo está a tres horas y el virus existente ha enlutado miles de hogares.

Continúa con el relato: “Nos vimos y conversamos con cubrebocas. En el retén siempre hay gente vigilando las 24 horas del día y nos separaban cinco metros. Platicamos como dos horas, vimos que estaba bien de salud y nos dimos la vuelta, de regreso a la capital.

Doña Elia reconoce que “este año las autoridades ya estuvieron más estrictos que el año pasado. Ahorita no quieren que andemos sin cubrebocas, ven a alguien y les cobran multa. Según que 200 pesos el que no llevaba cubreboca”.

Al principio creían que “aquí no nos va a pasar nada. Aquí no hay eso,  se confiaban o no creían hasta cuando se enteraron que se enfermaron sus familiares en la capital ya les entró más miedo y aceptaron que sí existe y que es para morirse porque todavía no hay medicina y eso ya nos hizo que se fueran obedeciendo”.

De todos modos, “aquí muchos estamos acostumbrados a curarnos con hierbas, pero ahora hay gente que con una gripa ya van al médico. Ahorita hay mucho miedo y nadie se va a arriesgar. Ahora sí ya les cayó el veinte. Ahorita nadie entra. Ni en las fiestas patronales de San Miguel Arcángel, en septiembre, ni en el del Dulce Nombre de Jesús, en enero, se hizo fiesta. Solo hubo misa, uno que otro cohete y un torito. Ni al Santo sacaron en procesión.

El presidente municipal de Talea de Castro, Fortino Baltazar Sebastián, reconoció que el instinto de conservación los motivó a tomar medidas sanitarias y cancelar fiestas familiares, religiosas o reuniones comunitarias. Fue la asamblea la que decidió y la gente está consciente y no hace ningún movimiento de esos. Son dos entradas al pueblo: hay un policía y un ciudadano en cada filtro, unos en el día y otros en la noche. No se les paga, es tequio.

INSTINTO DE CONSERVACIÓN

En otras comunidades han tenido que llegar a encarcelar a quienes violen estos acuerdos colectivos. No es un violación a los derechos humanos, es un instinto de conservación de estos pueblos originarios que no tienen una estructura de salud adecuada y si llega a sus comunidades causaría una tragedia.

Así ocurrió en San Francisco Yatee, perteneciente al municipio de Villa Alta, donde encarcelaron a Jesús Miguel Ambrosio, quien además tuvo que pagar una multa de dos mil pesos y fue sometido a malos tratos.

El argumento del indígena zapoteco es que quiso entrar a esa comunidad de la Sierra Juárez para “poder darle sepultura” a su abuela Ignacia Ambrosio.

En un video de un minuto con 26 segundos que circuló en redes sociales, Jesús Miguel Ambrosio narró el abuso de autoridad del alcalde de San Francisco Yatee, VillaAlta, Feliciano Salvador Matías, aunque él solo hizo lo que la comunidad acordó.

“Soy Jesús Miguel Ambrosio, nieto de la señora Ignacia Ambrosio que el día de ayer falleció en la comunidad de San Francisco Yatee, Villa Alta. Anoche llegué a la comunidad con prueba en mano de #covid-19 que soy negativo, para que se me permitiera la entrada y poder darle sepultura a mi señora abuela que me cuidó desde pequeño como su propio hijo”.

Habitantes de esa localidad que está a cuatro horas de la capital del estado no quieren repetir lo que pasó el pasado 24 de diciembre, cuando un paisano que vivía en la Ciudad de México llegó a Villa Alta y ya en la comunidad se puso mal, lo llevaron al hospital comunitario pero debido a su gravedad por Covid-19 lo enviaron a la ciudad de Oaxaca pero en el camino falleció. Además contagió a algunos de sus familiares.

Entonces, la comunidad decidió tomar decisiones más estrictas, incluso han querido llevar los restos del personas muertas por Covid-19, pero ante el temor de que se contagien, decidieron cerrar el pueblo porque “más vale pecar de exagerado que morir en el camino”.

Pero a partir de la persona contagiada, ya no permiten eventos grandes, ni fiestas, ni funerales, ni gente de fuera porque “no hay forma de garantizar la asistencia médica, por eso toman medidas drásticas. Es la asamblea la que toma las decisiones. Incluso comunican esos acuerdos a su gente por medio de WhatsApp o Facebook o en el aparato de sonido en su lengua zapoteca y en español.

Otros casos han llegado a la tribuna del Congreso de Oaxaca, donde la diputada Magaly López solicitó al titular de Caminos y Puentes Federales (CAPUFE) reconsiderar y dar marcha atrás al incremento del cobro de peaje que recién se implementó en caseta de cobro Mitla-Tehuantepec, en donde cotidianamente transitan familias de la Sierra Mixe que vienen a la ciudad de Oaxaca.

Y es que las familias mixes no tienen otra opción de ruta, pues con la pandemia por Covid-19 la comunidad de Mitla ha cerrado su acceso, lo que provoca que el tránsito sea a fuerza por la caseta de cobro.

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